Este es un espacio colectivo de difusión sobre el desarrollo de los Juicios por delitos de lesa humanidad que se llevan a cabo en Mendoza desde 2010.
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"Justicia hoy, por ayer y por siempre"
domingo, 20 de marzo de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
Bailarina, coreógrafa, artista íntegra, Vilma Rúpolo dio un testimonio humano, con una mirada sensible sobre la terrible experiencia a la que fue sometida junto con sus compañeros. Antes que la dictadura trastocara su vida fue la aficionada a la filosofía y el periodismo (con mimeógrafo en casa), la maravillada por el Chile de Allende, la conmocionada por el brutal asesinato de Amadeo Sánchez, la militante del PRT, la amiga y compañera de Virginia “Vivi” Suárez y Daniel Moyano. Sobre este último, de cuyo paso por las garras de los genocidas casi no existen pistas acerca de dónde ni cómo fue asesinado, aportó una pista: de acuerdo a un comentario lejano, Moyano muere de fiebre, totalmente ensangrentado, contra las paredes de los calabozos del D2.
Vida y muerte en el casino
Vilma Rúpolo fue secuestrada el 1º de junio de 1.976 de la casa de sus padres en el barrio Bombal, de la cual allanarían luego hasta las baldosas del patio. Fue golpeada en el camión de traslado y empujada a una especie de casa en calle Boulogne sur mer, atrás del hospital militar. Se trataba de una dependencia del casino de suboficiales en la Compañía de Comunicaciones y Servicios, bajo custodia de los “soldaditos” Ledesma, Brione, Ríos, Montiel y Varas. Allí se encontró con un grupo de mujeres detenidas a partir del 24 de marzo, entre ellas Dora Wofart de Lucero, Cora Cejas y Bety García. Sin maltratos a las prisioneras y en condiciones aceptables (con cubiertos cuyas inscripciones rezaban “Ejército Argentino”), Vilma, madre reciente, creyó oportuno y necesario sobrevivir al cautiverio junto a Mariano, su bebé de dos semanas de vida. Por intermediación de su madre logró que dos sacerdotes intercedieran por su reclamo ante las autoridades militares. Quince días después, su hijo estaba con ella.
Sin embargo, la pasividad represora en este Centro Clandestino no abarcaría a Rúpolo, quien soportó siete terribles sesiones de torturas y vejaciones durante los interrogatorios. El lugar, más allá de las maniobras distractivas de los represores, se encontraba en las inmediaciones de la casa y la víctima lo ubicó en reconocimientos posteriores en barracas de siete escalones –hoy demolidas- dentro del predio militar. La sala de torturas fue “inaugurada” con ella, y cómo aún no disponía de instalación eléctrica, no le fue aplicada la picana. Pero sí otros tormentos y golpizas mientras permanecía colgada con alambres al techo: patadas en el vientre, bolsa asfixiante, simulacros de fusilamiento. La aplicación de tormentos duraba más de dos horas y los torturadores eran tres: según investigaciones realizadas por una compañera de cautiverio y periodista, se trataba de “Willy” Armando Carelli (sin confirmación), el sargento Pagela y Juan Carlos García (de Aeronáutica, más tarde dudoso “héroe” de Malvinas), todos al servicio de Investigaciones. Vilma volvía deshecha y hasta inconsciente a la casa, pero siempre encontraba la fuerza para sobreponerse, gracias a la solidaridad de sus compañeras y a la existencia de su niño.
El ensañamiento sufrido por la artista tiene explicación desde la lógica asesina de los exterminadores: de acuerdo a una entrevista de su madre, probablemente con Tamer Yapur, Vilma tenía como destino el D2. Pero se salvó porque estaba lleno…
Volver a bailar
Entre fines de agosto y principios de diciembre continuó su pena en la cárcel provincial. En su ingreso divisó al trío de torturadores apostados en la entrada, desafiantes. Ella llegaba con 45 kilos. Ante el inminente traslado a la cárcel de Devoto, el director Naman García le comunicó que debía separarse de su hijo de cinco meses. La madre, desesperada, exigió un recibo, una constancia mínima para aferrarse a la esperanza. Con ese “papelito” voló en el Hércules, con los militares dejando entrar “aire del cielo”, poniendo a las prisioneras al borde del vacío.
En Devoto son regadas, desnudadas y fichadas frente a la inmensa cruz de la capilla. Tiempo después sufre un infarto silente por lo que es internada en el hospital Güemes.
Al tanto de su sobreseimiento definitivo, al compás de un coro de compañeras, Vilma bailó las dos horas de recreo, porque “el arte nos ayuda a sobrevivir”. Y como “nunca olvidó nada, ni nada fue en vano” rescató la valentía de las mujeres, su solidaridad y comunicación, su organización ejemplar frente al cautiverio, como el acto de silencio pactado a las 15 horas todas las tardes, cumplido a rajatabla por 930 prisioneras.
martes, 15 de marzo de 2011
Audiencia del 14 de Marzo
Estudiante, soldado y víctima
Valioso por lo inesperado y exhaustivo fue el testimonio del agrimensor Eduardo Argentino Morales, testigo general aportado por el MEDH, en el juicio por delitos de Lesa Humanidad. Precisó información relevante acerca de la operatividad de los grupos de tareas, reconoció a represores del D2 y confirmó los abusos a una detenida de ese CCD.
Cerca del mediodía del sábado 12 de junio de 1.976, Eduardo Morales fue detenido con su compañero Martínez, por tres personas armadas sin uniforme frente a su domicilio de calle Avellaneda de Ciudad, allanado 48 horas antes y en conocimiento de un suboficial. Esa fatídica e irónica mañana Morales volvía a ser civil ya que acababa de concluir la proscripción por el servicio militar y le habían entregado la libreta de enrolamiento y el certificado de “buen soldado”. Trasladado al D2, inicia un periplo de casi dos años por las mazmorras de la dictadura, hasta su liberación en mayo de 1.978. Además de los 4 meses en el D2, estuvo preso en las comisarías 1ª y 9ª, en la Penitenciaría provincial y en La Plata. A pesar de que se encontraba a disposición del Consejo de Guerra, nunca conoció cuál fue su condena.
Interrogado por el Ejército, torturado por la Policía
En el D2, Morales, desnudo, vendado, atado sobre un banco y gritando el nombre del Teniente Coronel Cheró (superior suyo durante la proscripción) recibe el primero de tres interrogatorios con torturas. Recibió golpes, “submarinos” y simulacros de fusilamiento en averiguaciones de contrainteligencia (chapas, nombres y relaciones del VIII Comando de Infantería) y sobre conocidos (Isabel Navarro, Emilio Vernet).
Desde su calabozo pudo divisar los frecuentes abusos que “Mechón blanco” infligió a Rosa Gómez. También recordó a Marcelo Moroy (Sérpico) y “Facundo”, entre los torturadores. Además, en el posterior reconocimiento fotográfico identificó a otros represores, Juan Antonio Serrano y Mario Torres (Caballo loco) y a los desaparecidos por ese Centro Clandestino, Alfredo Escames, Gustavo Suárez y Gisela Tenembaum.
Morales deja de cursar en la UTN a fines de 1.974. Como militante de la Agrupación Universitaria Nacional (Frente de Izquierda Popular), delegado y partícipe en la creación del comedor universitario, brindó un panorama de los grupos de extrema derecha que confeccionaban listas de estudiantes “subversivos” y atentaban contra las organizaciones gremiales y estudiantiles. Se sospechaba de personas que eran servicios: Roberto “Pato” Lucas, Fredy “Amorfo” Fernández, Seijoo y Paul Burlot, todos de la Concertación Nacional Universitaria. A fines del 74 ya con Seijoo como Decano, unos 20 estudiantes de la UTN fueron intimidados por tres matones de la CNU en el sindicato de Gráficos, donde una semana después explotaría una bomba. Sobre Guillermo Amstutz dijo que integraba el peronismo de derecha pero más atenuado, en la Línea Nacional.
Desde abril de 1.975 hasta el día de su secuestro, Morales debió realizar por prórroga el servicio militar en el 8º Comando de Infantería de Montaña, mayormente como escribiente. Esta condición, que paradójicamente sería su condena, le permite hoy dar detalles internos y datos desconocidos sobre el accionar represivo:
Sobre el 8º Comando de Infantería de Montaña dijo que los despachos de Maradona y de Yapur (máximas autoridades) se encontraban en el primer piso y eran de acceso muy restringido. Reconoció al Teniente Coronel Dopazo, a Gomez Saá, a Paulino Furió y al sargento Pagela como miembros de Inteligencia. Participó de algunos operativos con cortes de calles e ingresos de soldados armados a los colectivos de línea en busca de indocumentados. Al mando estaban el Capitán Dip y el Teniente Coronel Landa Morón. Agregó que ingresaban falcon sin identificación y que en octubre del 75 fueron enviados soldados a Tucumán.
El 23 de marzo ya sabían en el Comando del golpe en ciernes. La noche del 24 acompaña armado al suboficial Gatica a notificar a un legislador sobre su detención. En otra oportunidad condujo al Capitán Dip al traslado de un detenido hasta el Liceo, repleto de prisioneros, y en la vuelta por la Compañía de Comando de Servicio vio más presos en una dependencia. Posterior al golpe tuvo indicios de que en el Comando se produjo una reunión entre autoridades del Ejército, la Aeronáutica y Santuccione.
En abril fue enviado al D2 a llevar unos papeles con la firma del Tte. Cnel. Cheró y alcanzó a leer tres nombres, muy posiblemente de secuestrados que pasaban al D2. Allí escucha por primera vez el tono particular del “Porteño”. La segunda vez sería bajo tortura.
Dueño de una gran memoria, Morales se mostró lúcido, detallista, y abierto a las requisitorias del Tribunal. Y por momentos visiblemente conmocionado: “espero que mi testimonio sirva de algo, por tantos amigos desaparecidos y asesinados.”
jueves, 10 de marzo de 2011
Audiencia del 10 de marzo
CAPPATO Y ALZAMORA: TESTIGOS POR SILVIA CAMPOS
Frida Cappato, compañera de estudios de Silvia Campos y un vecino: Raúl Alzamora ofrecieron detalles sobre el secuestro de la joven, aún Desaparecida, que confirman la ferocidad del procedimiento.El policía jubilado Abel González Maldonado brindó un testimonio de dudosa veracidad sobre la causa que investiga la Desaparición de los hermanos Talquenca.
Silvia Campos estaba en su casa, compartiendo el cuarto con su compañera en Medicina, Frida Cappato, en el momento que llegó la patota a secuestrarla. Ese 14 de mayo del ’76, ambas había rendido y aprobado Farmacología, luego fueron la cine y de allí a la casa de Silvia, según relató la compañera. Ella recordó que el ingreso de las fuerzas a la casa fue por demás violento; confirmó su vestimenta: borceguíes y pantalón de fajina, pero no aportó otros datos porque fue encapuchada con la funda de la almohada. Agregó que no hubo requisa ni llevaron bienes de la casa sino que arrancaron a Silvia de la habitación y se fueron. Entendió que el operativo era inesperado ya que ellas diariamente asistían a cursar al Hospital Central y, al ingresar, les pedían los documentos para cotejarlos con una lista de alumnos que verificaba un retén del Ejército. Nunca habían tenido problemas.
Frida Cappato, hoy médica en San Juan, hizo una elogiosa evocación de Silvia Campos, dijo que era muy linda y definida. ”Nunca encontré el motivo de su secuestro” añadió, no se le conocía militancia, pero aclaró que Silvia creía que los médicos tenían un importante rol a cumplir, era una defensora de la “equidad y la justicia social “dijo. Algo cerca del socialismo.
El vecino escuchó gritos de terror
Raúl Alzamora, vecino de la familia Campos vio por la ventana cuando Silvia era cargada por la patota. Relató que la joven se resistía y en el tironeo golpearon el portón de su casa, lo que le hizo presumir que se trataba de un altercado personal, entonces llamó a la policía pero tardaron horas en llegar.
Desde un ángulo privilegiado pudo comprobar que “reventaron” la puerta de ingreso a la casa de los Campos y sacaron Silvia en ropa de cama y sin capucha; insultada con vergonzantes epítetos, que Alzamora no pudo repetir a pesar del pedido del Ministro Cortez, recordó que la respuesta de la joven al ataque eran “gritos de terror”. “Se la llevaron en forma equivocada, al igual que a la hermana” agregó el vecino.
Policía González no creíble
Abel González perteneció a la Seccional 29 de Maipú; era el oficial de guardia en el momento del secuestro de los hermanos Talquenca, realizado en su jurisdicción. Según consta en el libro de novedades, él había salido en el móvil a patrullar en el mismo momento en que se producía el operativo; sin embargo negó estar al tanto el hecho. Más aún, dijo ignorar las repetidas denuncias y reiteradas visitas del padre de los Talquenca a la Sec. 29º, en busca de datos sobre sus hijos, cuando él era la persona encargada de atender esas demandas. Desconocer el operativo y no haber visto al padre de los Talquenca en la comisaría lo deja en falta.
González, de unos 60 años, más que desmemoriado se mostró muy lúcido y pertinente en cada respuesta a los interrogantes formulados; se pintó a sí mismo como un legalista, conocedor de las atribuciones de la policía. Además, se esforzó por despegarse de los ilícitos y de paso, trató de dejar bien parada a la institución; remató sosteniendo: “de las desapariciones me enteré por los medios”.
jueves, 3 de marzo de 2011
Audiencia del 3 de marzo
MARTIN ALCARAZ FUE LA VOZ DE LOS CAMPOS
Se inicio el tratamiento de la causa por la Desaparición de Silvia Campos en la que está acusado Tamer Yapur. La misma reunía otras dos desapariciones: la de Adriana Campos y José Alcaraz acaecidas en diciembre de 1977 pero el fallecimiento del imputado Juan Pablo Saa dejo trunco el juicio por estos dos casos. El policía Juan Carlos González no hizo aportes
Por secretaría se dio lectura al acta de elevación a juicio de la causa 053 M que investiga el secuestro y desaparición forzada de la estudiante de medicina Silvia Campos. La joven de 23 años fue arrebatada de su domicilio en la madrugada del 15 de mayo de 1976 por un grupo sin identificación pero que calzaba borceguíes y pantalón azul. Por este procedimiento está imputado Tamer Yapur como autor mediato de privación ilegítima de la libertad, homicidio y otros.
Según la reconstrucción de la vida de Silvia, se sabe que integraba un grupo de estudio y formación política de la que participaban otros estudiantes vinculados el PRT-ERP. Su secuestro coincide con la redada simultánea, del mes de mayo de 1976, dirigida a numerosos simpatizantes de esa organización, tendiente a desarticularla.
La familia Campos, a fines de 1977, sufrió un nuevo golpe con el secuestro y desaparición de Adriana Campos (20 años) y su esposo José Alcaraz (22) quienes fueron secuestrados en su domicilio junto a su bebé de 10 meses: Martín Alcaraz; el mismo que fue citado a declarar ya que ninguno de sus abuelos, testigos de lo sucedido, se encuentran con vida.
Con los ojos muy abiertos y expresión de angustia contenida fue reconstruyendo lo sucedido. Martín dijo que al día siguiente del secuestro de sus padres, él fue dejado en una caja de cartón frente a la casa de su abuela Antonia, madre de las desaparecidas, quien se encargó de criarlo y transmitirle la historia familiar.
La familia Campos realizó el circuito de gestiones típico en la búsqueda de sus únicas hijas, en el caso de Silvia: denuncia inmediata en Seccional 25; rastreos en el Liceo Militar, en el comando del ejército, el obispado, policías provincial y federal; Habeas Corpus y cuanta averiguación le fuera sugerida. Incluso pagaron por obtener datos que nunca llegaron
También evocó su propio secuestro junto a sus padres, reconstruido por los relatos familiares. A ellos se los llevaron el 6 de diciembre de 1977 de su domicilio mientras les robaban todo (estos hechos no serán tratados por el tribunal debido al fallecimiento del imputado Juan Pablo Saá). El joven Martín duda que sus padres tuvieran alguna militancia sólo le fue transmitido que su mamá Adriana, días antes del secuestro, le confió a su abuela que estaba a punto de ubicar el paradero de Silvia, secuestrada un año antes.
Una vecina, Mirta Gómez, que se encontraba entre el público, aportó una breve declaración en la que aseguró que a Silvia se la llevaron en camisón y que era una joven con ideas de izquierda.
Juan Carlos González.
El oficial principal de la Policía, Juan Carlos González, convocado por la causa Talquenca, no hizo aportes porque hubo un error en la citación ya que no prestó servicios en la seccional 29 de Maipú y dijo desconocer que hubiera “operativos antisubversivos”.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Audiencia del 2 de marzo
MEDH: INFORME SOBRE LA REPRESIÓN EN MENDOZA
El MEDH -Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos-, a través de Elba Morales, aportó información general sobre la represión en Mendoza y específica de algunas causas que se tratarán en estos juicios. Fruto del trabajo de acopio de testimonios e investigación realizado durante décadas se permitió plantear hipótesis e hizo sugerencias al Tribunal.
La integrante, junto a María del Carmen Gil (Pocha) Camín, del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos brindó un exhaustivo y detallado testimonio que hizo un recorrido sobre varias aristas de la represión: su organización, centros de detención y operativos.
El esquema organizacional y centros clandestinos
El comando militar era quién tenía decisión política, a través de un consejo conjunto de oficiales de distintas armas, con mayor incidencia del Ejército y la Aeronáutica. Todo el esquema represivo bajo el mando de las FFAA abarcaba: la Comunidad Informativa (servicios de inteligencia en función de la persecución y la represión, que según consta en indagatorias a Sánchez Camargo y Maradona estaba conformado por los servicios de inteligencia de las dos armas, de la policía Federal y de la policía provincial); el Comando de Operaciones Táctico –COT-(patota que efectuaba los operativos de detención y secuestro en la vía pública) y la conformación de los Consejos de Guerra. De este esquema, según Elba Morales, existen documentos probatorios en las causas del año 1.986.
A partir del 24 de marzo de 1.976 quedan establecidos tres centros clandestinos de detención –CCD-: el D 2, el Campo Las Lajas y la Colonia Papagayos. El D2 –Departamento de Informaciones de la Policía de Mendoza- era el de mayor relevancia estratégica pues allí se registraba toda la información política. En sus dependencias había mesas de trabajo con ficheros de las actividades sindicales, estudiantiles y políticas. Información supervisada y utilizada por miembros de la Fuerza Aérea y la Federal.
El cuanto a Campo Las Lajas, fue localizado por el MEDH en 2.004 y más que un centro de detención se trató de uno de eliminación física y lugar de enterramiento. “Los que iban allí, iban para no volver.” Según el testimonio de un detenido junto a Mauricio López, recogido por el MEDH, se trataba de un lugar en el piedemonte con carpas para los militares y carpas para los torturados. Las Lajas se ajusta a las características de los centros clandestinos: inhóspito pero de fácil acceso desde la 4º Brigada Aérea, desde el D2 y comisarías hacia el Oeste y en camino a San Juan. En definitiva, un punto de convergencia para plan sistemático de desaparición de personas. Morales aprovechó para reclamar ante el Tribunal sobre la causa de Campo Las Lajas, de la cual el organismo es querellante, debido a que no avanza en su etapa investigativa. De este centro clandestino existen sólo dos sobrevivientes.
Otro CCD relevado por el MEDH fue la Colonia Papagayos. Se dio con él gracias a las entrevistas con los ex presos Puga y Sgroi, a la declaración de un represor y a los relevamientos fotográficos. El MEDH estima que Papagayos se especializaba en la detención de mujeres y que el encargado era Rondinini, miembro del “sector calle” del D2.
“Es muy claro que la represión se ejerció contra grupos pertenecientes a determinadas corrientes políticas, desde antes del golpe”. Así Morales dio cuenta del modus operandi de los grupos de tareas, resaltando que en todos los casos la persecución no se ejercía sobre individuos aislados si no que se focalizaba grupalmente. Una vez detectado un grupo de militancia, se lo seguía, vigilaba, se establecían hábitos y vínculos para luego secuestrar a sus integrantes en apenas semanas.
Ordenamiento por operativos
Desde la perspectiva del MEDH es fundamental unificar los elementos de prueba para la investigación, desagregar ciertas causas y modificar abordajes. En ese sentido se permitió sugerir al Tribunal reencauzar las investigaciones por centros clandestinos, por fechas y grupos apuntados por la represión y por sus pertenencias militantes. En función de estas variables hizo un repaso de los operativos más significativos:
- Mayo de 1976: destinado a la desarticulación del PRT-ERP y la juventud guevarista. A través de operativos con zonas liberadas y razias en el área de Maipú y la ocupación de manzanas en el barrio Santa Ana, en pocos días fueron secuestrados los hermanos Talquenca, Edmundo Beliveau, Héctor Granic, Daniel Moyano, Virginia Suárez, Silvia Campos, Graciela Santamaría y Mario Santini.
- Junio de 1976: Según el sumario nº 4 instruido en el D2, en el que están implicados los acusados Fernández y Smaha, se establecía la persecución del entorno de Montoneros con dos objetivos, por un lado apresar a personas con diferente nivel de compromiso con esa organización, incluidos los sindicalistas de los Bancos de Mendoza y Previsión; por otro lado se propuso eliminar a la cúpula de Montoneros interrelacionando Mendoza con San Juan y San Luis. Los operativos con este fin comenzaron con la desaparición de Jorge Vargas, se sucedieron entre el 12 y el 17 de junio y culminaron con el asesinato de Paco Urondo. En este marco también fueron secuestrados otros cuadros de la organización como el matrimonio Olivera y fue asesinado Juan Carlos Charparín.
- Abril de 1977: en distintos operativos destinados a Montoneros caen 15 militantes asesinados o desaparecidos. Un importante grupo pertenecía a Las Heras, la Fuerza Aérea tuvo una participación destacada en estas acciones. Otro operativo resonante se desplegó sobre la calle Italia de Godoy Cruz, en el fue baleada Ana María Moral y dos NN, la mujer y uno de ellos fueron registrados en la morgue y enterrados en el cuadro 33 del cementerio de la Capital. En conexión con este episodio también desaparece Gisela Tenembaum.Ç
- Mayo de 1978: Tras el escurridizo montonero Juan José Galamba, perseguido desde mayo del ’76, fueron secuestrados varios simpatizantes que lo habían albergado en su huida: Margarita Dolz, Raúl Oscar Gómez, Mario y Gustavo Camín, Daniel Romero y su hermano Juan Carlos, Víctor Hugo Herrera, Alberto Sosa e Isabel Membrive, quien había escapado de la redada en que fue ejecutado su esposo Juan Carlos Charparín, hasta que se culmina con la aprehensión de Galamba.
Desde la perspectiva del MEDH es fundamental unificar los elementos de prueba para la investigación, desagregar ciertas causas y modificar abordajes. En ese sentido se permitió sugerir al Tribunal reencauzar las investigaciones por centros clandestinos, por fechas y grupos apuntados por la represión y por sus pertenencias militantes. En función de estas variables hizo un repaso de los operativos más significativos:
- Mayo de 1976: destinado a la desarticulación del PRT-ERP y la juventud guevarista. A través de operativos con zonas liberadas y razias en el área de Maipú y la ocupación de manzanas en el barrio Santa Ana, en pocos días fueron secuestrados los hermanos Talquenca, Edmundo Beliveau, Héctor Granic, Daniel Moyano, Virginia Suárez, Silvia Campos, Graciela Santamaría y Mario Santini.
- Junio de 1976: Según el sumario nº 4 instruido en el D2, en el que están implicados los acusados Fernández y Smaha, se establecía la persecución del entorno de Montoneros con dos objetivos, por un lado apresar a personas con diferente nivel de compromiso con esa organización, incluidos los sindicalistas de los Bancos de Mendoza y Previsión; por otro lado se propuso eliminar a la cúpula de Montoneros interrelacionando Mendoza con San Juan y San Luis. Los operativos con este fin comenzaron con la desaparición de Jorge Vargas, se sucedieron entre el 12 y el 17 de junio y culminaron con el asesinato de Paco Urondo. En este marco también fueron secuestrados otros cuadros de la organización como el matrimonio Olivera y fue asesinado Juan Carlos Charparín.
- Abril de 1977: en distintos operativos destinados a Montoneros caen 15 militantes asesinados o desaparecidos. Un importante grupo pertenecía a Las Heras, la Fuerza Aérea tuvo una participación destacada en estas acciones. Otro operativo resonante se desplegó sobre la calle Italia de Godoy Cruz, en el fue baleada Ana María Moral y dos NN, la mujer y uno de ellos fueron registrados en la morgue y enterrados en el cuadro 33 del cementerio de la Capital. En conexión con este episodio también desaparece Gisela Tenembaum.Ç
- Mayo de 1978: Tras el escurridizo montonero Juan José Galamba, perseguido desde mayo del ’76, fueron secuestrados varios simpatizantes que lo habían albergado en su huida: Margarita Dolz, Raúl Oscar Gómez, Mario y Gustavo Camín, Daniel Romero y su hermano Juan Carlos, Víctor Hugo Herrera, Alberto Sosa e Isabel Membrive, quien había escapado de la redada en que fue ejecutado su esposo Juan Carlos Charparín, hasta que se culmina con la aprehensión de Galamba.
Presunciones del Medh
En el desarrollo de la exposición y las respuestas de la testigo, quedaron flotando algunas hipótesis sobre la represión:
- Según el Medh, la suerte de los prisioneros habría sido decidida por los consejos de guerra integrados por todas las fuerzas. Así como establecían las condenas para los presos también podrían decidir la eliminación de los secuestrados.
- Al establecerse la diferenciación en los operativos en tanto que algunas personas eran encapuchadas para que no reconocieran los lugares y a los intervinientes; en otros casos eran arrebatados en la noche a cara descubierta. Tal el caso de los hermanos Talquenca y Lidia De Marinis que salieron en paños menores sin nada que les impidiera ver a sus secuestradores. En los casos que no tomaron recaudos, según la inferencia del MEDH, ya estaba decidido de antemano que se los conducía a la muerte.
- Las detenciones, desapariciones y/o asesinatos respondían a un cupo de procedimientos que debía cumplir cada zona y subzona, hipótesis sustentada por otros estudiosos del tema. En cumplimiento del cupo de eliminados en San Rafael, infirió la testigo, desaparecieron los cuatro jóvenes Peronistas motivo del Juicio desarrollado este año en el sur mendocino.
- Según el Medh, la suerte de los prisioneros habría sido decidida por los consejos de guerra integrados por todas las fuerzas. Así como establecían las condenas para los presos también podrían decidir la eliminación de los secuestrados.
- Al establecerse la diferenciación en los operativos en tanto que algunas personas eran encapuchadas para que no reconocieran los lugares y a los intervinientes; en otros casos eran arrebatados en la noche a cara descubierta. Tal el caso de los hermanos Talquenca y Lidia De Marinis que salieron en paños menores sin nada que les impidiera ver a sus secuestradores. En los casos que no tomaron recaudos, según la inferencia del MEDH, ya estaba decidido de antemano que se los conducía a la muerte.
- Las detenciones, desapariciones y/o asesinatos respondían a un cupo de procedimientos que debía cumplir cada zona y subzona, hipótesis sustentada por otros estudiosos del tema. En cumplimiento del cupo de eliminados en San Rafael, infirió la testigo, desaparecieron los cuatro jóvenes Peronistas motivo del Juicio desarrollado este año en el sur mendocino.
Finalmente, Morales fue indagada sobre la responsabilidad de los imputados en estas causas. A lo largo de la declaración denunció a Eduardo Smaha y a Armando Fernández, enlaces de inteligencia, implicados en varios operativos. Luego agregó que Tamer Yapur condujo y estuvo involucrado en la represión ilegal, incluso hay constancias firmadas por él que lo vinculan. Además, según el entender del MEDH, el Com. Luis Rodríguez era el tercero en jerarquía en el CCD D2, después de Juan Oyarzabal.
Elba Morales remarcó que siempre existió desde el poder judicial de Mendoza una fuerte protección sobre los militares denunciados e hizo algunas recomendaciones al Tribunal.
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martes, 1 de marzo de 2011
Audiencia del 1ero. de marzo
SAVONE Y ABALO TESTIGOS DE CONTEXTO
Antonio Savone secuestrado, detenido y expulsado del país durante la dictadura permaneció casi tres meses en el D2, confirmó datos proporcionados por otros testigos y rescató la entereza de sus compañeros para encarar el cautiverio. Ramón Abalo testigo y protagonista de la resistencia a las últimas dictaduras reveló la complicidad de los civiles.
Empresario metalúrgico y simpatizante del peronismo, Savone fue secuestrado el 14 de junio de 1976 y alojado en el D2 durante 112 días, según sus precisiones. De allí fue trasladado a una celda de castigo en la Penitenciaría para otros 63 días en soledad.
Pasó por un consejo de guerra pero el tribunal militar se declaró incompetente y giró su caso a la justicia federal. Por medio de la fiscalía, el testigo recién se enteró que cuando fue llevado a Tribunales, el 1ero de agosto de 1977, el juez Guzzo le había otorgado la libertad, sin embargo permaneció detenido a Disposición del P.E.N. hasta noviembre de 1977 cuando fue expulsado a Italia.
Savone presume que el motivo de su detención fue por fabricar una camioneta con doble techo encargada por amigos de Edesio Villegas, hoy Desaparecido.
De su paso por el D 2 recordó figuras denunciadas anteriormente; a través de su mirilla pudo observar las vejaciones sexuales a las que era sometida, permanentemente, Rosa Gómez. Escuchó los lamentos de Jorge Vargas, hoy desaparecido y también ratificó el carácter de torturador del penitenciario Bonafede.
Además, exaltó los gestos de dignidad y la relación solidaria entre los presos políticos; los casi seis meses de aislamiento le provocaron tanto o más sufrimiento que las golpizas, de modo que ya en la cárcel con “el calor humano de los otros prisioneros fue como empezar a vivir” aseguró
El “Negro” Abalo habló de las complicidades civiles
Ramón Abalo militó en distintas organizaciones de izquierda a lo largo de su generosa vida. Hoy es miembro de la Liga por los Derechos del Hombre y activo militante por la memoria y justicia encarada por los organismos de DD HH. Extraídos de un libro de su autoría: “El terrorismo de Estado en Mendoza” proporcionó datos de la magnitud de la represión a nivel local
Hizo hincapié en el compromiso del Partido Demócrata con la Dictadura hasta el punto de entregar el gobierno a uno de los suyos: Bonifacio Cejuela, acompañado por otros miembros de esa corriente que aún hoy lucen en el candelero político. Destacó el patrocinio del empresariado al gobierno militar a través de la Unión Comercial e Industrial de Mendoza (UCIM) y la complicidad de la Iglesia que en su momento encubrió y permanece en la misma actitud a pesar de haber tenido la oportunidad, a través de Mons. Rey, de revelar lo que mucho saben sobre los delitos cometidos; sin embargo el prelado en su reciente testimonio optó por el silencio y el no recuerdo.
Fiel a su estilo el, “Negro Abalo” fue directo. Dedicó un espacio a sus colegas periodistas abocados a “buchonear” a quienes se oponían a los militares y proporcionó los nombres de quienes desde distintas funciones: académicas, políticas, eclesiásticas y empresariales aportaron al sostén de la Dictadura.
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