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martes, 21 de diciembre de 2010

Audiencia del 21 de diciembre

MULTIPLES DENUNCIAS y CARCEL COMUN


Pablo Seydel  confirmó que en  la Comisaría 7ma. de Godoy Cruz funcionaba un centro de detención y tortura, allí pudo ver al desaparecido Rubén Bravo.  Dio nombres  y apodos de  policías y penitenciarios empeñosos en métodos ilegales. Señaló  las complicidades y maniobras para quebrar la integridad de las y los militantes políticos; también, elípticamente, descalificó a los imputados allí presentes.   Al cierre, el Tribunal comunicó su decisión de pasar a cárcel común a cinco de los diez imputados.

Aunque centrado en su propia historia, desde su apresamiento en la terminal de Mendoza el 15 de octubre del 76, Seydel hizo un recorrido por las formas ensayadas en  las distintas instituciones para destruir física y psicológicamente a las personas detenidas. Un circuito que comenzaba en el desnudo  y la sensación de indefensión que esto provoca para pasar a  los tormentos físicos y demás iniquidades. “La intención era degradarnos hasta ser nada”,  dijo. 
Superada la etapa de los interrogatorios,  en las cárceles la tarea se completaba con el hambre y las humillaciones permanentes. Indicó que del penal local pasó al  de La Plata, luego Sierra Chica, Rawson y Devoto; resaltó que la penitenciaría de Mendoza era una de las peores. Fieles a la intención de rendir a los políticos presos, estos espacios fueron concebidos por la Dictadura  como un frente más de aniquilamiento. “De aquí van a salir muertos, locos o putos”, solían decirle. Rescató la trama de respaldo y protección mutua tejida por presas y presos que les permitió sostenerse y resistir.
En muchos pasajes del relato, Pablo se mostro conmovido. Lloró al recordar su encuentro con el desaparecido Bravo en la comisaría 7ma, y al evocar los vejámenes a los que fueron sometidas  su madre, su hermana y demás  compañeros.  En el tumulto de recuerdos hizo mención a los ahora “indignos desarmados que no se bancan hacerse cargo de lo que hicieron” e hizo otras duras alusiones  destinadas a los imputados.
De su paso por el Tribunal, Seydel dejó en claro que todos los miembros de la Comisaría 7ma y de la Iglesia colindante sabían qué sucedía en ese centro.  Era imposible ignorarlo por los gritos y movimientos que se registraban, aclaró. Transmitió con sorprendente precisión los apodos, descripciones y nombres de los involucrados de distintas fuerzas.
El testigo fue condenado por un consejo de guerra y con posterioridad sentenciado por la Justicia Federal.  Permaneció detenido hasta julio 1984.
Finalmente, Pablo Seydel puso  en evidencia la continuidad del aparato de inteligencia, así como el control y persecución de la que fue objeto ya en plena etapa democrática

Como broche de la jornada del 21 de diciembre, el TOF N° 1 leyó la resolución respecto del pedido hecho por el Fiscal Dante Vega para que se revoquen las prisiones domiciliarias de los procesados Tames Yapur Maslup, Luis Alberto Rodríguez Vázquez, Eduardo Smaha Borzuk, Celustiano Lucero Lorca y Paulino Enrique Furió Echeverri y se ordene su alojamiento en el complejo San Felipe del Servicio Penitenciario Provincial. Los jueces  expresaron que la decisión aplicar cárcel común se basa en los resultados de la pericia hechas por el cuerpo médico forense a los imputados y en un informe realizado por el establecimiento penitenciario en el que  garantizan  las condiciones sanitarias del lugar.

martes, 14 de diciembre de 2010

Audiencia del 14 de diciembre

LUNA TRANSITÓ TODA DICTADURA ENTRE REJAS


Roque Luna, trabajador gráfico, fue detenido y sometido a Tribunal Militar desde los albores del golpe de 1976 hasta diciembre del ’83. Uno de sus peores momentos lo vivió en Departamento de Informaciones de la Policía de la Provincia –D 2- .
En la jornada del 14 diciembre se escucharon las palabras de Roque Argentino Luna un hombre que estuvo preso casi 8 años, acusado por tenencia de armas, que no existieron y sometido a la parodia de un tribunal militar carente de legitimidad para administrar justicia. Este trabajador gráfico sufrió el terrorismo de Estado en todas sus escalas.
El 10 de abril de 1976, Roque Argentino Luna, fue sorprendido en su casa por un grupo de policías que sin dar muchas explicaciones lo subieron a un automóvil y lo trasladaron junto a sus padres a la Comisaría 31. Él quedó detenido en ese lugar, primera parada de los muchos espacios en los que estuvo alojado hasta diciembre de 1983.
De la 31 pasó a la 5º y de ahí al D2. Del D2 pasó a la 7º y más tarde a la Penitenciaría. En septiembre del 77 fue llevado a cárcel de máxima seguridad de Sierra Chica, en el 78 a Unidad 9 La Plata y en el 79 a cárcel de Rawson en Chubut, allí permaneció hasta el 3 de diciembre de 1983. En todos estos lugares, conoció el terror en todas sus escalas, sin embargo su estancia en el D2 fue la peor de todas.
Con tono bajo, mesurado y con pocas palabras, el hombre contó cómo fue torturado en ese centro de operaciones. Las sesiones de picanas llegaron a provocarle una insuficiencia cardíaca. Roque relató que durante los meses que estuvo detenido y con los ojos tapados, aprendió a reconocer a las personas por la voz, esto le sirvió para afirmar que estuvieron cautivas en el D2: Ricardo Sánchez Coronel, Rosa del Carmen Gómez, David Blanco, Enrique García, Carlos González, Carlos Ubertone, Alicia Morales, Luis Piña, Jorge Vargas, Aníbal Torres.
Las torturas físicas disminuyeron cuando lo llevaron a la Comisaría 7º y en el pabellón 6 de la Penitenciaría Provincial sin embargo, la violencia, la humillación y el terror no cesaron nunca.
Luna, como muchos presos políticos fue sometido a un “Tribunal de Guerra” y fue condenado en una causa inventada a 10 años de prisión por “tenencia de armas y municiones”. Esas armas jamás estuvieron en sus manos, pero según le explico “conocer, era igual, que tener, poseer y asir”.
Roque Argentino Luna no tuvo problemas en identificar a través de un álbum de foto de la policía quiénes operaban en el D2; así señaló a Marcelo Rolando Moroi, Manuel Bustos Medina (mechón blanco) Pablo José Gutiérrez Araya y a Ramón Álvarez Rojas de la comisaría 7º de Godoy Cruz. Los abogados querellantes pidieron que se incluyan también los álbumes de las comisarías 7º y 5º de Ciudad Capital para completar la tarea de reconocimiento.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Audiencia del 2 de diciembre

FAMILIARES ANTE EL TRIBUNAL
Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas de Mendoza  tuvieron voz el 2  de diciembre a través de los testimonios de Sara Gutiérrez y  María Rosario Carrera (Mariú) Las mujeres no sólo relataron los secuestros de sus seres queridos sino que dieron  cuenta del clima social: la mentira institucionalizada, los silencios, el miedo; así como  los delitos de extorsión, robos y abusos que incluía la represión.  Sara habló desde el lugar de la hermana de 13 años, a la que inexplicablemente le arrebataron a su precioso hermano  y Mariú se expresó en tanto militante de los ’70 que sufrió en cuatro meses,  la desaparición de su pareja, de su único hermano y su cuñada; a partir de ese momento  su vida hizo un giro hacia la búsqueda de sus familiares  y tras de  la Justicia reparadora.
“Yo pensé que esto no iba a llegar nunca”


Así se expresaba Sara Judith Gutiérrez –hermana de un joven desaparecido en 1976-  en la sala del primer piso del Tribunal Oral Federal Nro. 1de nuestra provincia
Sara Gutiérrez comenzó el relato de la desaparición forzada de su hermano mayor Juan Gutiérrez y  de María Luisa Alvarado Cruz haciendo hincapié en  los hechos que antecedieron su secuestro: Corría el año 1972 y la Universidad Nacional de San Juan recibía estudiantes de diversas provincias argentinas que se encontraban, también, con compañeros y compañeras provenientes de Latinoamérica.  Juan ingresó a la carrera de Ingeniería Civil y empezó a militar social y políticamente desde ese ámbito. Este Hombre de dos metros de altura, “solidario, comprometido y seductor” como lo define su hermana treinta años después, tuvo una participación de base en la Juventud Universitaria Peronista –JUP-, desde donde logró convertirse en el Presidente de la comisión del comedor universitario. Ya en 1975, a raíz de una olla popular en las puertas del comedor en señal de protesta por el aumento de la cuota se trasforma en  blanco de los uniformados y  lo detienen. Ese mismo año un operativo de allanamiento a su casa de estudiante y el secuestro de su auto, hacen que el regrese a Mendoza.
Huyendo de la represión, en el año del golpe de Estado, también María Luisa se estableció en la casa de la familia de Gutiérrez. La noche del 28 de septiembre de 1976, un automóvil policial la interceptó en una parada de colectivo.  Juan de 22 años, se dio a la búsqueda de su compañera hasta ser detenido por  efectivos de la comisaría séptima de Godoy Cruz; hay indicios de que ambos  permanecieron  en el Centro Clandestino de Detención – CCD- D2 de Mendoza  y terminaron recalando  en el penal de Chimbas en San Juan.
Con gran firmeza  Sara Gutiérrez responsabilizó al Poder Judicial, eclesiástico y así como a civiles  de las prácticas delictivas del terrorismo de Estado. Recomendó  al tribunal un libro referido al accionar del genocidio dictatorial en San Juan, escrito por Eloy Camus, y sostuvo una fuerte crítica al período de instrucción de este juicio, por el maltrato por parte de algunos de los encargados de tomar las declaraciones contra sus  compañeros y compañeras de las organizaciones de derechos humanos.
Testigo general  de 34 años de historia 


Maria Carrera, conocida como Mariu, fue citada a declarar como testigo general en esta primera etapa, de “reconstrucción de contexto” del Juicio a los represores de la capital de Mendoza. En un relato que se extendió por casi 4 horas la mujer habló de la vida de su pareja Rubén Bravo, de su hermano Marcelo Carrera y de su cuñada Adriana Bonoldi. Todos ellos desaparecidos en los últimos meses de 1976.
Primeramente, contó cómo eran los tiempos en los que con Rubén habían decidido tomar al teatro como un trabajo y al arte como una herramienta para acercarle al pueblo, y cómo estas determinaciones los llevaron a establecerse  durante el año 73 en la Villa Itatí, en Buenos Aires, y a formar la Asociación de Actores Argentinos en Mendoza cuando regresaron, en el año 1975
“Nuestra militancia era hacer teatro y  pasaba por organizarnos, por denunciar y por entregarle el teatro a la gente como una herramienta” remarcó Mariu.
En eso consistía la vida de la pareja que junto a su hijo recién nacido, la madre y a los hermanos de Rubén vivían en un departamento de la Cuarta Sección de Ciudad. Fue en ese lugar en el que en la noche del 21 de octubre de 1976 ingresaron violentamente 7 hombres armados con la cara descubierta y se llevaron encañonado y a los golpes a Rubén, previamente maltrataron a Mariu y a su suegra Eugenia Saca, y robaron  los objetos de valor de la familia.
Los intentos desde esa noche  y durante todos los años hasta convencerse que las posibilidades de encontrar con vida a Rubén eran nulas, fueron vanos. En su peregrinaje, junto a los miles que buscaban a sus seres queridos, encontró silencio y fue descubriendo una atroz conspiración en la que participaban, impensadas e innumerables fracciones de la sociedad que aún mantienen en secreto el destino de aquellos que el régimen se empecinó en borrar de la faz de la tierra.
Mariu en su testimonio hablo también de la vida de su hermano Marcelo Carrera, un joven  de 21 años que trabajaba en YPF y que había estaba en pareja con Adriana Bonoldi, una joven profesora de Música. Ambos,  colaboraban en la construcción de viviendas, de lo que hoy conocemos como Campo Papa, esa era su forma de militancia y su tarea dentro del Partido Revolucionario del Pueblo (PRT) del que formaban parte al igual que Mariú y Rubén.
Marcelo fue secuestrado el 24 de noviembre de 1976, por un grupo de hombres que ingresó en su casa, que quedaba en la calle Democracia de Godoy Cruz. En ese momento estaba junto a Adriana, que también fue violentada por los secuestradores que dándole  golpes le gritaban a Marcelo “vas a cantar lo que no quiere decir tu cuñado.
Adriana fue secuestrada, seis días después que Marcelo. La joven regresaba de su trabajo cuando fue interceptada por un vehículo del cual  se bajaron varios hombres que a la fuerza la hicieron ingresar. Adriana estaba embarazada y esa noche iba a quedarse en la casa de sus padres que estaban ayudándola a buscar a Marcelo y a soportar el terror que estaba viviendo.
Entre sus testimonios, Mariu explicó a pedido de la fiscalía y de las autoridades del Tribunal cómo era la situación en  los años previos al golpe,  al respecto dijo: “en aquellos años había mucha actividad cultural y el grado de desarrollo permitía, la organización, la recuperación de la calle, algo mal visto por el gobierno de facto” resumió.  Para señalar que existía una intención premeditada de reprimir en los ámbitos culturales, la testigo nombró una larga lista de actores exiliados o desaparecidos o perseguidos durante la dictadura cívico militar.
Por otro lado, Mariú  le recordó al Tribunal que durante los años de  búsqueda de sus seres queridos pudo identificar a quien dirigió el grupo de secuestro que irrumpió en su vivienda el día que se llevaron a Rubén. Se trata del comisario retirado Eduardo Smaha uno de los imputados que tiene este juicio y que durante las declaración  de Mariu presenciaba el debate. Esta identificación fue ratificada esa misma tarde luego de una extensa ronda fotografías.
“Nos han robado una parte muy rica de la vida, nos robaron la muerte” explicó Mariu emocionada. “Sin embargo la hemos podido reconstruir, hoy la muerte tiene la cara de nuestros seres queridos” explicó.
Por su parte describió también el trabajo de búsqueda que junto a la del Equipo Argentino de Antropología Forense  -EAAF- vienen haciendo en el cementerio Ciudad. “Los rescates de algunos cuerpos de los desaparecidos alienta la búsqueda. “Fuimos recuperando la identidad, no como la habíamos soñado, sino cómo la vida  nos no la dio” expresó Mariu.  
Para resumir los años de trabajo intenso, de dolor extendido y de fortalecimiento de las agrupaciones que defiende memoria,  verdad y la justica Mariú concluyó: Hay algo que aprendimos durante todos estos años y es que ningún terrorismo de Estado puede acabar el compromiso con el otro
La causa judicial Bravo – Carrera – Bonoldi , más adelante, será  retomada por el Tribunal.