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viernes, 15 de febrero de 2013

077-M. Desapariciones de Margarita Dolz, Raúl Gómez, Gustavo Camín, Mario Camín, Daniel Romero, Juan Carlos Romero, Víctor Hugo Herrera, Juan José Galamba y Ramón Sosa. Alegato IV: MEDH y Alegato V: La Defensa

 “Se llevaron a los mejores”
14-02-2013 | El Doctor Pablo Salinas amplió el alegato del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) que la semana pasada ofreció su colega Diego Lavado en relación a nueve personas desaparecidas en mayo de 1978. Acompañado de fotografías y textos en referencia a Juan José Galamba -militante montonero y perseguido político desde 1976, con quien más se ensañaron los grupos de tareas y que finalmente fue secuestrado y desaparecido el 28 de mayo de 1978- Salinas repasó en general la estructura organizativa del terrorismo de Estado y señaló los responsables de la impunidad en Mendoza. También destacó la lucha del MEDH y los Organismos de Derechos Humanos.

El representante del MEDH plasmó, además, investigaciones que dan cuenta de la responsabilidad de quienes actuaban en la Policía y el Ejército en aquellos meses (a partir de las pruebas contra el imputado Aldo Patrocinio Bruno, a la fecha jefe del D2) y movilizó al Tribunal y al público con sus apreciaciones respecto a “nuestros compañeros” y el delito que los genocidas continúan perpetrando al no revelar el destino de sus restos.

En cuanto a la existencia y consecuencias del plan sistemático de represión, Salinas afirmó: “Existió un orden clandestino tanto en sus aspectos genéricos como específicos. Este esquema normativo es la prueba de la represión ilegal. El terrorismo de Estado implantó la desaparición de personas, la tortura y la persecución política con conocimiento de su ilicitud, porque dentro de las funciones que se atribuyeron los mismos miembros, “el accionar de los integrantes de las Fuerzas Armadas en las operaciones realizadas en la guerra librada constituyeron actos de servicio” (documento final de la junta militar), “no están contempladas” -según el Código de justicia militar- ni “la tortura, ni la desaparición forzada de personas, ni el saqueo”.

“Secuestraban a la gente, la encapuchaban -salvo a quienes iban a matar ese día-, se disfrazaban, vendaban a los detenidos, esto es la prueba de que sabían que lo que hacían era ilegal”, expuso el abogado. Y citó el testimonio de Alfredo Edgar Gómez, que en el juicio anterior reunió la comunión de fuerzas y la relación entre grupos de tareas: “Las demás fuerzas trabajaban con nosotros. Nos usaban a nosotros. Iba personal de Gendarmería, Ejército, Fuerza Aérea, la SIDE a buscar antecedentes al D2. Ellos trabajaban con nosotros. La Federal también iba, Willy Cardello iba. La mayoría que iba ahí, iba con nombre supuesto. Iba un señor de la SIDE que pedía los prontuarios y sacaba los antecedentes.”

Entre los mayores responsables: Ejército y G2 -Inteligencia militar- (Furió, Dopazo, Gómez Sáa, Migno, Puebla); Fuerza Aérea: Santamaría, Jofré, Carelli, Francisca (jefe policial), Santuccione (jefe policial); “Patota Federal” (Cardelllo, León, Mirota); D2 (Smaha, Fernández, Sánchez Camargo, Miranda, Patrocinio Bruno, Oyarzábal); GE 78 (Carlos Rico, Medina, Siniscalchi); “Justicia cómplice” (Guzzo, Miret, Romano, Carrizo, Petra); solo por mencionar algunos, aclaró el abogado al señalar estas participaciones.

Desde mediados de 1977 “ya no había operativos con ostentación de fuerza y afán de infundir terror”, recordó Salinas; sin embargo fue creado el Grupo Especial 78 (GE 78), que cumplía las mismas funciones de aniquilamiento con mayor sigilo. Y en esa agudización de  los sentidos represores es razonable concluir que les “cae” un dato: en junio de 1976 hubo un prófugo del megaoperativo contra militantes montoneros: Galamba. Desde ese día, ninguna acción les había dado resultado para encontrarlo, les fue escamoteado. Comenzaron, entonces, el operativo de mayo de 1978 por la punta del ovillo de junio de 1976. También parece obvio que las víctimas no sabían dónde estaba para entonces Juan José y se torna evidente que los desaparecidos fueron quienes lo ampararon en 1976 y contaban con algún grado de compromiso político”.

Específicamente en relación al grupo de Causas de mayo de 1978 -investigación propiciada por familiares y el MEDH aún desde la dictadura- Salinas explicó: “Son varias las categorías de actos que constituyen crímenes contra la humanidad y que fueron perpetrados por grupos de tareas de Mendoza: asesinato, exterminio, encarcelamiento, torturas, violaciones, persecuciones por motivos políticos, desaparición forzada. La particularidad de esta Causa es la solidaridad, las personas que se comprometieron. No todo fue colaborar con el terrorismo de Estado, existió otra sociedad solidaria. Por eso, esta no es una simple acusación legal, estamos también construyendo memoria colectiva y esto habla de lo mejor de los mendocinos. Se llevaron a los mejores, persiguieron a Juan José Galamba y en su camino atacaron la solidaridad, atacaron los lazos comunitarios, fueron el eje de la represión. El D2 conducido por Bruno Pérez fue pieza central del terrorismo de Estado. Para Aldo Patrocinio Bruno y el D2 el éxito del operativo fue completo, se ganaron los galones: encontraron un prófugo subversivo, se vengaron de quienes lo habían protegido y arrasaron con un grupo que tenía antecedentes políticos de izquierda. De paso, en el camino encontraron a una prófuga montonera oculta desde julio de 1976 -Isabel Membrive-”.

La reconstrucción de los hechos -los nueve secuestros y desapariciones forzadas en vísperas del mundial de fútbol- por la querella fue similar a la aportada por la Fiscalía y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Salinas señaló el grado de persecución extremo al que fue sometido Juan José Galamba durante dos años y la “conexidad” con el resto de los secuestros perpetrados a su entorno: “Galamba se convirtió en un prófugo en el contexto del megaoperativo en contra de Montoneros en junio y julio de 1976, cuando se sucedieron los allanamientos, las detenciones, los secuestros seguidos de desaparición, en la vía pública fueron asesinados Francisco Urondo, Juan Carlos Charparín; se llenó el D2 y en ese centro clandestino los secuestrados asistieron a la tortura y posterior ausencia de muchos compañeros de cautiverio”.

Respecto al grupo detalló: “Resultan dignos de reconstrucción y de admiración los movimientos de este militante clandestino que logró jugar ajedrez frente a la dictadura durante casi dos años. Nunca fue a los lugares posibles donde los servicios de inteligencia lo buscarían. Recurrió a sus amigos, algunos de ellos, de los inicios en el Socialismo que no aparecían abiertamente comprometidos y que lo ayudarían sin dudas, como de hecho ocurrió: participaban de la misma comunidad de ideas, no se encontraban en riesgo aparente, habían trabado amistad en la UTN y en el ámbito político. Eran personas que estaban en sus domicilios habituales, en sus trabajos, en sus estudios: Margarita Dolz y su esposo Carlos Castorino; Raúl Gómez y su esposa Liliana Millet; Víctor Hugo Herrera, que trabajaba en la ferretería del dirigente socialista José ´Pepe´ Suárez; Mario y Gustavo Camín. Daniel Romero fue nexo entre ambos grupos, procedía del socialismo, estrechamente relacionado con el peronismo, había sido obrero y delegado.

El segundo grupo aparece con otras características. Pertenecen al peronismo, algunos decididamente a Montoneros. También está probado que aportaron en su medida a la supervivencia de Juan José: Gisela Tenenbaum y Ana María Moral, los esposos Tenenbaum, Juan Carlos Romero, Sebastián Molina, Ramón Sosa. Daniel Romero es el referente más constante de dicha supervivencia. Cuando Juan José regresa de la cantera de Camín en San Juan es alojado por Daniel en su casa. Es él quien lo ubica en el horno de ladrillos de su hermano Juan Carlos, militante peronista, un hombre muy humilde para quien la función pública fue un servicio a la comunidad”.

“No se ha probado en el juicio la participación de Aldo Enrique Patroni, quien trabajaba en Cimalco, estaba relacionado con Daniel Romero y pudo ser quien retiró a Juan José de manos de Raúl Gómez, en lugar de Ignacio Mamaní como siempre se creyó, ya que él manifiesta no haberlo hecho. El caso de Patroni deberá investigarse”, lanzó para profundizar Salinas.
Pablo Salinas: Juan José Galamba y la solidaridad


Carta para Juan José
Al final de su alegato, el doctor Pablo Salinas leyó una carta que Natalia Galamba, hija de Juan José, le escribió a ese padre que conoció a través de la reconstrucción de la memoria y del cariño de sus compañeros y compañeras:

“Resististe viejo… Casi dos años resististe persecución, miedo, desesperación… Y aún así no te diste por vencido. Estoy segura de que creías que las cosas se podían mejorar, que otra realidad era posible. Y tuviste amigos y compañeros, que creían lo mismo que vos, y que -como vos- no pensaban en ellos mismos, pensaban en forma colectiva. No era salvarse el propio pellejo, era resistir para salvar el pellejo de todos.

Y el plan sistemático que implementaron estas bestias resultó en cierta forma. ¿Y sabés por qué digo que resultó? Porque hoy a muchos les suena alocado, incomprensible, que alguien pueda jugarse entero por los demás. Esa solidaridad, que para ustedes era natural, espontánea, no necesitaba explicaciones. Y hoy… estamos tratando de explicarla.

No les bastó con encerrarlos, torturarlos, asesinarlos y desaparecerlos. Tenían que asegurarse que el terror perdure; y apuntaron también al miedo a los valores. Pero con lo que no contaron fue con los que quedamos: los familiares, los compañeros que sobrevivieron y que nunca dejaron de pelearla, los que estuvieron acá en este Tribunal reviviendo los peores momentos de sus vidas, para que se haga justicia. Eso… eso también es solidaridad. Y en cada abrazo de ellos que recibo, te abrazo a vos, y siento que no pudieron con nosotros, que hoy estamos ante la posibilidad no sólo de que se haga justicia sino de reivindicar la militancia, el compromiso. Y sobre todo… el amor a la vida, que era lo que los movilizaba.

Muchos fueron quedando en el camino de esta lucha… y,  como ustedes, siguen viviendo en cada uno de los que los conocimos. Hoy no podría estar más orgullosa de vos viejo, y te digo viejo… aunque no te dejaron serlo”.
Pablo Salinas: Natalia Galamba a su padre Juan José


La defensa técnica o las técnicas de la defensa
La defensa oficial del exjefe del D2, Aldo Patrocinio Bruno, rechazó la calificación ampliada que la querella propuso y que sostuvo en los alegatos; reiteró que debe respetarse “la calificación legal primigenia”. Como lo hizo en procesos anteriores, la abogada explicó que “el rol de la defensa oficial es realizar una defensa técnica en estos juicios trascendentales para nuestra sociedad, y asegurar la posibilidad de realización de los mismos”.

Del alegato surge que hay una aceptación de los hechos, del plan sistemático; no se puso en duda el terrorismo de Estado ni la represión ilegal. Sin embargo, solicitó la absolución del único imputado en esta Causa porque no se considera probada -más allá de las pruebas indiciales- su participación directa ni la de sus subordinados en los operativos de secuestro, detención, interrogación, torturas, vigilancia; tampoco que alguna de las nueves víctimas de la Causa hubiesen pasado por el D2. 

Respecto de la Causa 077, la abogada expresó que “siguiendo las hipótesis sostenidas por la fiscalía, basadas en las investigaciones de la señora Elba Morales y el doctor Carlos Venier (h), presentada en 1986, “estas personas fueron detenidas por haber albergado o por haber prestado algún tipo de colaboración a Juan José Galamba” y también para “preservar el orden durante la realización del Mundial de Fútbol Argentina 1978, para lo cual se formó el denominado Grupo Especial 78 (GE 78)”. “Respecto de los hechos”, dijo Duranti, “las circunstancias de tiempo, modo y lugar que fueron descriptos por los acusadores fueron corroborados por los testigos y los damos por hecho”.

“La importancia de un juicio como el presente radica en que se activa una situación compleja, porque además de determinar la responsabilidad de determinados actores en un contexto político especial se pretende actualizar la verdad y la justicia como valores pilares de una sociedad democrática”, reafirmó Duranti. Sin embargo, “todo contexto es una variable de análisis más (...) e incluso, una vez comprobada una trama no resulta atribución automática sobre el nivel de participación del sujeto”.

La defensora, en el camino de su argumento, diferenció “verdad histórica”, que es “por definición inverificable, el juez no puede examinar de manera directa el hecho que debe juzgar”; la “verdad procesal”, que es un tipo particular de la “verdad fáctica”, referente a hechos pasados y a la cual se accede mediante pruebas. Entonces, dijo, “se puede afirmar que la verdad procesal fáctica es resultado de una ilación de los hechos probados del pasado con los hechos probatorios del presente”. Y de estos conceptos surge el fundamento principal del pedido de absolución para Bruno: si a partir de esa ilación de tramas “el dilema no es resoluble, prevalece la hipótesis más favorable para el acusado”. La Defensa apeló, así, a la figura de “in dubio pro reo”.

Las pruebas le resultan insuficientes a la defensa, Duranti expresó  que los testigos dieron detalles de los hechos, pero no certezas de las fuerzas intervinientes en los operativos ni de los lugares de detención de las nueves víctimas. Recordemos que la ilegalidad de la represión radica, entre otras cosas, en su clandestinidad.

Excepciones de esos relatos a los que se refirió Duranti son: Ana María del Olio, novia de Mario Camín en 1978 y quien declaró que vio cuando lo ingresaban al D2 la noche del secuestro. A esto, la defensora contestó que ningún otro relato pudo corroborar ese dato. María Isabel Salatino, madre de Víctor Hugo Herrera, hizo un reconocimiento fotográfico en el cual señaló a Smaha, Pinto Vega, Bustos Vasconcelos y Stipech. Duranti rechazó que esos sujetos estuvieran bajo el mando de Bruno en el D2 al momento de los hechos. A esto, la abogada agregó que muchas de las referencias de vestuario de quienes realizaron los operativos de secuestro tienen que ver con fuerzas militares más que policiales, desestimando así la actuación conjunta de las Fuerzas así como la situación de clandestinidad del accionar y la capacidad de disfrazarse que tenían los agentes, justamente, para que no fuesen identificados por los familiares que estaban con el detenido ilegalmente.

Respecto de las declaraciones de ex-agentes policiales que implicaron a Bruno, simplemente la defensa alegó que se trata de testimonios sobre “causas propias” en la cuales asistió el derecho a la no autoincriminación y por eso se deben desestimar.

Sobre la prueba documental -libros de novedades, de intercambio de legajos, etc.- Duranti pretende que sólo da cuenta del cargo que ocupaba Bruno pero no de su participación directa ni de sus subordinados en los operativos. Sobre el pedido de la Fiscalía de incorporar el expediente “Fiscal contra Rusconi”, que consigna detalles del accionar del D2, la defensa se opuso porque alega que se presentó fuera de tiempo; sin embargo probablemente quede incorporado.

viernes, 19 de octubre de 2012

077-M: Desaparición de Margarita Dolz

Golpes en la puerta
19-10-2012 | Semana de poca actividad en el Tribunal Oral Federal 1. Sólo hubo un testimonio en relación a la Causa 077-M por la cual se indaga la serie de secuestros y desapariciones de mayo de 1978. Miriam Esteve, testigo directa del secuestro de Margarita Dolz, reconoció a Mario Stipech como parte del operativo. El médico del D2 ya había sido reconocido en relación al secuestro de “Tonio” Herrera.

“Vi a esta gente. Cuando me preguntaron por ella quedé helada porque pensé en las nenas, qué les iban a hacer a las nenas, qué me iban a hacer a mí”. Contundente, lineal en relación a los hechos que se investigan, fue el testimonio aportado por Miriam Elisabeth Esteve, amiga desde 1974 de Margarita Dolz, desaparecida de su domicilio de calle Remolcador Fournier en Villanueva, el 17 de mayo de 1978. Por la época, Esteve frecuentaba habitualmente a Dolz y su marido Carlos Castorino, ya que cuidaba a las hijas de ambos, de cuatro y dos años de edad. Testigo directa del secuestro de Margarita, recordó:

“Creo que era miércoles. Salí de mi trabajo y fui a casa de Margarita. Llegué pasadas las nueve de la noche, esperábamos a “Julio” -un amigo-, dejé mis cosas, fumé un cigarrillo. A los diez minutos golpearon la puerta, atendí, las niñas venían detrás. Había luz en la entrada, entraron cuatro o cinco individuos de civil a cara descubierta, pude ver a los dos primeros -uno era alto, el otro medio pelado-, llevaban anteojos comunes de marco grande y falsos bigotes, me llamó la atención que todos usaran gamulanes azules cruzados. El que encabezaba el grupo preguntó sólo por Margarita Castorino. Me cachetearon la cabeza y pidieron que no los mirara”.

Mientras el segundo de los captores encerraba en el baño a las niñas y a Miriam, ella vio cómo sacaban un arma corta y que “Margarita tejía en la cocina, alcancé a verla de reojo por última vez, se paró al lado de la mesa, estaba tiesa. Las nenas gritaban, lloraban, no pude oír nada, esperé a oscuras unos minutos que fueron un siglo. Se abrió la puerta, `no levantés la cabeza´ me dijeron. Distinguí unos zapatos, nos llevaron a una habitación, al rato volvió uno de ellos y dijo `quedate acá, nos llevamos a la piba, somos de la Federal`. Ella ya no estaba ahí”.

“Quedé encerrada en la casa, mi cartera y la suya estaban dadas vueltas, quizás se llevaron su documento”, relató. Una chica vecina que también cuidaba a las niñas se comunicó con Esteve por el fondo de la casa donde había un taller. A ella le pidió que avisara a Carlos -de regreso del trabajo- para que no se acercara al domicilio. Él llegó hacia la medianoche, “se llevaron a Margarita” le informó Miriam, que se marchó “en taxi con las nenas a casa de mis padres, donde estuvieron hasta el sábado. Después, vino desde Buenos Aires, la familia de Margarita y se las llevó”.

Sobre “Julio” -el amigo que esperaban esa noche- Miriam agregó que “era compañero de bowling de Carlos desde un par de años antes, alto, de cabello oscuro, nunca lo volví a ver”. Si bien la testigo desconocía la participación política y relaciones del matrimonio, vio una vez a Daniel Romero -desaparecido- en la casa. Además recordó y reconoció fotográficamente a otros dos desaparecidos esa semana, Raúl Oscar Gómez y Víctor Hugo Herrera, `Tonio`. La vinculación respecto a los secuestros no fue infructuosa: entre las fotos del personal actuante en el Centro clandestino D2 -Departamento de Informaciones de la Policía de Mendoza-, reconoció a Mario Rafael Stipech Quiroga como quien ingresó primero a secuestrar a Dolz en su hogar. Stipech -ya relacionado en la Causa a través del reconocimiento efectuado por María Isabel Salatino, madre de Herrera- era uno de los médicos del D2. Investigaciones previas dan cuenta que Stipech -que perteneció al Cuerpo de Apoyo de Escalafón Profesional de la Policía de Mendoza- y otros médicos atendían a los detenidos tras los “interrogatorios”.

sábado, 8 de septiembre de 2012

077-M: Desapariciones de Margarita Dolz, Gustavo y Mario Camín, Víctor Hugo Herrera y Juan José Galamba

Hay un desaparecido que habló
07-09-2012 | Una foto, una carta escrita a sus hijos y el cuaderno de anotaciones del desaparecido Juan José Galamba fueron presentados como ejemplos de los valores de su generación y la persecución a la que fue sometida. Alicia Morales -su compañera, testigo de contexto en el anterior Juicio- y Paula Natalia -hija de ambos- señalaron el exterminio a la solidaridad. El ataque a Víctor Hugo Herrera. Confirmaciones acerca de los Camín.

Miriam Susana Astorga relató el secuestro de su marido, Víctor Hugo Herrera, la noche del 25 de mayo de 1978. La pareja -que se había casado el día 6 de ese mes- vivía en casa de los Herrera. Mientras la familia dormía, seis personas encapuchadas ingresaron violentamente a la casa, llegaron al dormitorio de la pareja y en la cama -mientras ataban a Miriam conuna sábana- arremetieron a puñetazos contra Víctor Hugo. Astorga evocó que los secuestradores buscaban libros y armas e interrogaban a su marido por “Josecito”: “Donde te llevamos no necesitás documento”, lo amenazaron mientras se lo llevaban desnudo a la calle.
Al periplo en búsqueda de Víctor Hugo, relatado por su madre y hermanos -comisaría 27, Hospital militar, VIII Brigada, habeas corpus-, Miriam añadió que en el D2 les exhibieron fotos de las armas que supuestamente portaban quienes eran “detenidos”.
Astorga -que durante semanas se sintió vigilada desde vehículos apostados- contó el lazo amistoso que con “Tonio” -Víctor Hugo- tuvieron con Margarita Dolz. Del operativo que derivó en su desaparición, Miriam se enteró por Carlos Castorino.

“Se lo chuparon a Mario” fue lo primero que escuchó Ricardo Blanco cuando llegó a la UTN el 23 de mayo de 1978. La noticia salió de boca de sus compañeros y no necesitó datos precisos para saber que era verdad, “en esos tiempos las cosas eran así” definió. Ricardo cruzó palabras con Mario el día anterior, al salir del curso, cerca de las 20:30; “me voy a comer a lo de mi novia y vuelvo”, le dijo. Los jóvenes se conocieron en la primaria y cursaban ingeniería electrónica en la Universidad Tecnológica Nacional.
Pasado más de un año del secuestro, Ricardo preguntó a Sergio Lier -un policía de su barrio, integrante del D2- si conocía datos sobre Mario: “si le robaron algo no va a aparecer”, le certificó el oficial. Cobraba importancia el dato del auto de Mario. Al poco tiempo, Lier huyó a Canadá.
El testigo mencionó que Mario y Gustavo Camín -que solía ayudar con trabajo a los compañeros de su hijo- se destacaban por la humildad y la solidaridad. Gustavo lo ocupó para confeccionar planos y por él supo que un muchacho había conseguido empleo en la cantera de San Juan. Después, Blanco se enteró de que ese joven era Juan José Galamba.
“Espero que esto tenga un final feliz, es decir que todos los responsables paguen, porque se llevaron a los mejores” pidió Ricardo en el cierre de su testimonio.


El testimonio de la solidaridad
“Alto, rubio, ojos azules, flaco”; describió Alicia Beatriz Morales Fernández de Galamba a Juan José Galamba; “mi amigo, mi marido, el padre de mis hijos, el hombre con el que elegí tenerlos. Todo eso fue sistemáticamente destruido para implementar un sistema no basado en la solidaridad ni en el amor, sino en el individualismo y la explotación”. Alicia apoyó la descripción de José con una foto de casamiento que cedió al Tribunal, “para todos era un tipo muy querible, apoyaba a los chicos para que estudien, preocupado por la desigualdad social”, agregó.

Alicia y Juan José se conocieron en 1972 en la facultad. Participaron del Partido Socialista Popular y años después en la Juventud Universitaria Peronista. Estuvieron cercanos a Montoneros, con lazos solidarios: “por eso Jorge Vargas y María Luisa Sánchez Sarmiento estaban en mi casa, no tenían dónde estar, no se puede dejar a una familia en la calle a merced del monstruo del terrorismode Estado”.

El 12 de junio de 1976 Alicia fue secuestrada en su casa, junto a María Luisa y las hijas de ambas. Para Alicia, Juan José -que llegaba a la casa- notó el operativo y decidió no entrar. Trasladadas al D2, las mujeres fueron interrogadas por primera vez: “Me sorprendió la cantidad de información que tenían sobre nosotros. Aturdida por los golpes y la presión de la goma sobre los ojos y el reflector enfrente, vi diagramas, fotos, nombres, cruces en un pizarrón. Ya tenían armado todo. Montones de fotos de todos los estudiantes habidos y por haber, fotos enmarcadas con círculos”. Apenas una pregunta sobre su marido hicieron los captores a Alicia: “¿dónde está?”

Alicia estuvo detenida en varias prisiones hasta 1980. Sólo sabía que José había logrado escapar. Presa, “nunca tuve noticias de él ni me atreví a preguntar por su situación, la cárcel no cesaba. Al salir, cuando pudimos hablar, nos costaba mucho. Había que querer acordarse, preguntar y no poder hablar”. Sobre el itinerario de Galamba, dijo: “Sé que estuvo en San Juan afines del 76 -en muy mal estado físico-, en Mendoza -donde trabajó en una cantera y en un horno de ladrillos, los mil y un trabajos para sobrevivir-, en algún momento en (General) Alvear. Sé que quería ver a los chicos”.

Ni el contexto ni la fecha del secuestro de Galamba -28 de mayo de1978- fueron para Alicia “por azar o porque sí. Si en el 77 estaban descabezadas y aniquiladas las organizaciones, el 78 fue el momento del mensaje-planificado, previo al Mundial- contra la solidaridad remanente”. Del grupo de personas desaparecidas que integran esta Causa, Alicia recordó que con José conocían a Margarita Dolz “del viejo Partido Socialista”. Agregó: “En la época, todos nos conocíamos, siempre nos estábamos encontrando en peñas, asambleas, por estudio”.

Consecuente luchadora por los Derechos Humanos, explicó Morales:“Estos Juicios demuestran que querían exterminar el accionar de militantes activos, supuestos guerrilleros, de sus familiares, de sus amigos. Querían exterminar personas e ideas y también la solidaridad. Nosotros como estudiantes, como ciudadanos, éramos solidarios. José sobrevivió esos dos años por la solidaridad de los compañeros”.

En “un cuaderno que sobrevivió a José, enterrado en la finca de sus padres”, hay una carta escrita por el joven a sus hijos, en noviembre de 1976. Alicia pidió presentar la carta al Tribunal, como la voz de Juan José Galamba. Para ella, “expresa todo su amor contundentemente, es una historia de amor, del amor que sentía por la gente, por los hijos, por mí”. Sonnia de Monte amiga de la pareja- recibió el cuaderno de manos de José, se lo entregó a sus padres, y en una marcha en memoria de los desaparecidos a treinta años del golpe, se lo restituyó a Alicia y a sus hijos.

Paula Natalia Galamba -hija mayor de Juan José- leyó pasajes del cuaderno. “Quiero leerlo porque refleja lo que él sentía en ese momento y lo que sentían muchos de sus compañeros. Lo que nos dejó aquí es una lección de vida y de amor. Es su testimonio”:

“Queridos hijos: con la caricia más tierna que un padre puede hacer, quiero que sepan que papá nunca los olvida y todo lo que hace es por la felicidad de ustedes. Así como con mamita los quisimos, hoy más que nunca debemos seguir adelante hasta conseguir lo más ansiado para todos y que es lo que se llama igualdad, que cuesta mucho conseguirla pero que no es imposible alcanzarla”.

Juan José también explica la situación por la que se atravesaba “entre esas grises paredes, donde está mamá, están miles de madres y de padres que no callaron por decir la verdad”; los objetivos que se perseguían: “no podemos seguir aguantando que los miserables por un poco más de dinero estén haciendo estragos, mientras en unas mesas hay caviar en otras apenas hay pan”; también relataba el amor por Alicia, la esperanza de encontrarla y la desazón de no saber si los volvería a ver.

“Encontrarme con este cuaderno fue una forma de entenderlo, de comprenderlo, durante mucho tiempo los cuestioné por no haberse ido, por no haber pensado en sus hijos; comprendí entonces que no se fueron justamente porque pensaban en sus hijos”, relató conmovida Paula, como quitándose un gran peso.

Natalia Galamba: fragmento carta de Juan José Galamba

sábado, 4 de agosto de 2012

077-M: Desapariciones de Margarita Dolz y de Raúl Gómez

Sede Mendoza
03-08-2012 | Se abrió la etapa testimonial del debate con la Causa que indaga el accionar represivo del Grupo Especial de Tareas G 78, para silenciar lo que quedara de resistencia ante la dictadura frente al desarrollo del Mundial de fútbol a mediados de 1978. En la “sede” Mendoza, los represores secuestraron a nueve personas, desaparecidas, durante la segunda quincena de mayo. Está imputado Aldo Bruno Pérez, por la fecha Jefe del Departamento de Investigaciones 2 de la Policía de Mendoza. Testimonios en relación a los secuestros y desapariciones de Raúl Gómez Mazzola y Margarita Rosa Dolz.

Norma Liliana Millet: Raúl Gómez y los eslabones
Alrededor de las dos de la mañana del 17 de mayo de 1978 presenció el secuestro de Raúl Gómez, su marido. Fue en la casa de la familia de Liliana en Godoy Cruz, compartida con su hermana y su cuñado. Millet repasó lo vivido a través de otras exposiciones y denuncias. Esa noche, tres o cuatro personas con armas cortas y enmascaradas irrumpieron en el domicilio, maniataron y vendaron a sus habitantes; interrogaron y secuestraron a Gómez. Robaron relojes, bolsas de dormir, documentos, dinero y un rollo de fotos.

En el Libro de registro de la Comisaría 7ma consta mención de la denuncia efectuada por Millet: Su hermana divisó borceguíes, un vecino mencionó un Peugeot blanco, su padre la reiterada presencia días previos de “personal” de Obras Sanitarias merodeando el barrio. De la declaración de la testigo ante la CONADEP, el fiscal Vega destacó que ella reconoció una voz al mando. Roberto Jofré -comisario retirado y suegro de la hermana de Millet- hizo averiguaciones en el D2 sobre el paradero de la víctima. “Hasta aquí llega”, dijo Jofré a Millet que obtuvo como respuesta, “si no quería que le pasara lo mismo que a Gómez”.

La pertenencia política de Raúl estuvo ligada a la Organización Comunista Poder Obrero -OCPO- hasta 1974. Por amistad personal con Margarita Dolz, hasta 1973 en el partido Socialista, también conocieron a Víctor Hugo Herrera y Daniel Romero, desaparecidos en mayo del 78. El Fiscal Vega expuso la hipótesis del abogado Carlos Venier hijo, que considera el caso del también desaparecido Juan José Galamba como punto de contacto de la serie de caídas. Liliana, que dos años antes a pedido de Margarita y Carlos Castorino, había resguardado con su esposo por unos días a Galamba, ya en la clandestinidad, descree de la versión: “Galamba nunca supo dónde estaba la casa, nos hubieran llevado a los dos, yo dije que lo recibiéramos, a lo mejor fue por el decreto o norma para el Mundial, por el cual buscaban a los que quedaban residuales en la lista”.

Cotejando lo narrado por Millet con expedientes y archivos se acentuaron sospechas e hipótesis: El Dr. Salinas conectó el Libro de novedades 269 de Infantería donde consta que el sospechado Carlos Rico y Rubén Villarreal como chofer, salieron de “operativo” el 17 de mayo de 1978 a las 00:40hs, una hora antes del secuestro de Gómez. El Juez Burad solicitó entonces la disponibilidad sobre los listados completos del personal de Infantería, del D2 y de la 8va Brigada de Infantería de Montaña.

Liliana integra Familiares desde agosto de 1978. Su testimoniar pregona desde hace décadas la búsqueda de la Verdad. El Juez Burad la invitó al respecto: “¿Qué entiende que le pasó a su esposo?  -Yo entendí que lo habían matado”. El respeto se apoderó de la Sala.

Testimonios de vecinos
También prestaron declaración Lidia Marta López y Carlos Alberto Ferreira, vecinos de la víctima. López señaló que al levantarse la madrugada del 17 de mayo notó la puerta de la casa de sus vecinos abierta y fue su padre el que acudió a saber qué había pasado, impedido por los policías ya cercando el lugar de los hechos. Su hermana había divisado durante la madrugada un furgón azul de la policía. Por su parte, Ferreira aseguró haber visto un falcon estacionado antes y durante el horario estimado del secuestro de Gómez.

Esos deditos
Antes del cuarto intermedio la audiencia fue interrumpida en varias oportunidades debido a los procesados. Estaba estipulada, a solicitud suya, la declaración de Fernando Morellato: la postergó. El ex oficial de Motorizada provocó en la audiencia inicial a familiares, abogados y fotógrafos con gesticulaciones agresivas. Reiteró su cobarde actitud: amenazó con el típico ademán con el que los represores “marcaban” a las víctimas. Y nada menos que a dos compañeras ex presas presentes. Evidenciado por los querellantes, el Presidente Macías reprendió tales conductas. Luego el abogado de Morellato pidió que su defendido presencie sólo la causa por la cual está imputado. El Tribunal accedió, Morellato caminó hacia la salida. Otro proceder desafiante tuvo Paulino Furió, hoy sí presente vía teleconferencia desde el Consejo de la Magistratura: argumentó el mismo derecho citando el artículo 18 de la Constitución Nacional, en un elocuente reflejo tras los valores democráticos que avasalló. La pantalla se desconectó. Hoy en plena vigencia de los Derechos Humanos y la legalidad, en la que Furió y Morellato están incluidos, sus dedos sirven para ser pintados por la Justicia.

Héctor Alejandro Dolz: Margarita, 1978
Dolz fue el primer testigo citado para establecer certezas sobre la vida, el secuestro y la desaparición de Margarita Rosa Dolz. Primos hermanos según los registros, hermanos por circunstancias de la vida que hicieron que ambos crecieran en el mismo hogar. Compartieron crianza, ideales y anhelos.

Acerca de los hechos ocurridos la noche que se llevaron a Margarita, Alejandro describió lo que Carlos Castorino, esposo de la joven, contó a él y a su familia que en ese momento residían en Buenos Aires. Supo entonces que la noche del 17 de mayo de 1978, a las 23 horas aproximadamente, un grupo de hombres de civil, que se presentó como miembros de la Policía Federal, irrumpió en la casa, sacó a Margarita y encerró en el baño a sus dos hijas y la niñera. Sus padres viajaron inmediatamente e hicieron todo lo que estaba a su alcance. Intentos inútiles, al silencio y miedo de la época se les plegaba la “algarabía” del Mundial en ciernes.


Sobre aquellas fatales jornadas dijo que el hecho los tomó por sorpresa: en 1978 la actividad política en Mendoza “estaba bajo cero”. “La actividad política se fue matando de a poco, meses después de marzo del 76 estaba todo resuelto”, precisó Alejandro. Según su lectura, los secuestros de Margarita, Raúl Gómez y el resto de sus compañeros fue parte de un operativo represivo para asegurar el silencio durante el Mundial.

Margarita fue parte del Partido Socialista e integró como adherente, junto a Gómez y Dolz, la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Dolz señaló que toda esa actividad se concentró entre 1973 y 1975 y que Margarita tenía inclinación por los ideales socialistas desde un razonamiento filosófico. También recordó su sentido de la solidaridad y contó que el matrimonio en reiteradas veces dio refugio a militantes perseguidos. Sin embargo no pudo asegurar, como se supone, que Juan José Galamba haya parado en esa casa.

Por requerimiento del Juez Burad, Dolz expuso cuáles eran los objetivos del ideario socialista con los que comulgaban él y su hermana y remarcó que jamás se pensó dar un golpe al orden democrático. En referencia a los reiterados golpes de Estado acaecidos en nuestra historia dijo que se debía a “una mecánica de subversión de la democracia instaurada, instalada y desarrollada por las Fuerzas Armadas”.
-Entonces ¿quiénes eran los subversivos para usted?
-Las Fuerzas Armadas, señor Juez.
Entre los aplausos de toda la sala, González Macías informó que requerirá el testimonio de la mujer que cuidaba de las hijas de Margarita y Carlos.