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domingo, 10 de marzo de 2013

075-M: Desapariciones de Oscar Ramos y Daniel Iturgay. Defensa particular del imputado Morellato. Réplicas.

“No quiero que se me vaya la mano”
08-03-2013 | La audiencia estipulaba el turno de las defensas -tanto de la oficial como de la particular del acusado Fernando Morellato- en representación de los imputados por la causa 075-M. El largo planteo de la contraargumentación y el tono agresivo con que lo expuso Ariel Civit -abogado del ex oficial del Cuerpo de Motorizada- abrieron el debate a la réplica de la Fiscalía y las querellas. Tras lo cual quedó más expuesta la estrategia de la defensa sobre las responsabilidades de Morellato.

Fernando Morellato Donna es el único de los imputados representado por un abogado particular, el doctor Ariel Civit. Expuso con vehemencia y agresividad hacia las partes querellantes y sobre todo hacia el Ministerio Público y su representante, el doctor Dante Vega; ejerció una defensa activa, en línea con lo actuado en la etapa testimonial cuando convocó testigos forzados que incurrieron incluso en falso testimonio y susceptibles de ser investigados por su participación durante la última dictadura cívico militar. Civit calificó de conjeturales las acusaciones, apeló a “la experiencia” y “el sentido común” como sustento para considerar “lo razonable” respecto a los hechos y su contexto histórico, se ensañó contraargumentando a sus “rivales procesales”, afrentó al Tribunal y hasta apeló a muy bajos recursos que traspasaron el show montado, no sólo culpabilizando a Oscar Ramos y Daniel Iturgay, también llegando incluso a plantear que las víctimas no están desaparecidas, que no hay víctimas. En ese sentido, apenas iniciado su alegato, Civit pidió la “absolución lisa y llana” de su defendido.

Los recursos de la defensa fueron desarrollados durante el proceso: victimización del imputado “por presiones, por ser una figura pública” y “por cuentas pendientes” que le hizo pagar el entonces jefe del D2, el “irascible, loco, peligroso”, Pedro Dante Sánchez Camargo; tergiversación de los hechos que derivaron en las detenciones de Ramos e Iturgay por personal del Cuerpo de Motorizada en un operativo bajo autoría presunta del Oficial Morellato, y sus posteriores desapariciones en el D2 tras ser torturados; y las calificaciones a Fiscalía y las querellas de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos de llevar adelante una acusación “tan infundada y con tanto esfuerzo para acomodar los hechos, con asombrosa arbitrariedad respecto a los elementos probatorios, con ligereza y arrebato”.

Para abordar los hechos, Civit introdujo la duda respecto a lo que “los acusadores dan por acreditado: Que la madrugada del 5 de Noviembre de 1976 dos sujetos, fueron detenidos por personal del Cuerpo de Motorizada y que esos sujetos serían Oscar Ramos y Daniel Iturgay”. Acudió entonces el abogado al juego de las preguntas retóricas, algunas de ellas cínicas y con sentido ofensivo:

-“¿Está probado que los dos aprehendidos eran Ramos e Iturgay?” planteó como sospecha Civit: “El primer obstáculo para los acusadores es la identidad indeterminada de los detenidos con documentos falsificados. Fiscalía omite valorar ciertos testimonios porque le entorpecen el cuentito. Son los de Pedro Peralta -que refirió sin precisiones el pedido de un libro que una mujer le hizo para Ramos en la Penitenciaría- y el de Nilda De Mateo -que por rumores ´se enteró´ además que ´estaba bien´ en la cárcel-. ¿Y si realmente Ramos estaba en la Penitenciaría? El doctor Salinas reclama que se sepa el destino de los desaparecidos, dónde están. Yo también quiero saberlo ¿por qué no agotaron esas posibilidades de averiguar?”.

-“¿Qué hacemos con esto?”, cuestionó otra vez Civit tras desviar las pistas sobre los hechos: “Ramos tenía un hijo, quería verlo. Estaba con Ángel Miranda, última persona que lo ve, en septiembre de 1976. Estoy convencido que Ramos fue secuestrado cuando fue a devolverle el niño a Miranda. La capacidad de inteligencia de las fuerzas armadas está comprobada, estaban a la espera, tenían que tener control sobre quién tenía a su hijo. Los acusadores se quedan con lo que larga Sánchez Camargo, dejan de lado hipótesis investigativas, la verdad real es que a Ramos lo detuvieron en septiembre. Tratan de vender a la sociedad una falsa respuesta, no se busca, no se profundiza esa búsqueda”.

-“¿Es razonable que durante dos meses -de septiembre a noviembre- Ramos no hiciera ningún tipo de contacto con su esposa, con Miranda, con sus allegados, para decirles ´che, estoy bien, el niño está con Miranda?´ ¿Es algo imposible de llevar a cabo? tan necesitado del calor con sus allegados, son comportamientos esperables”, añadió el abogado para desvirtuar no sólo la fecha de los secuestros, también las condiciones en que debían sobrevivir los perseguidos, para a continuación aseverar: “Nadie vio a Ramos en dependencias del D2, no terminó en el D2. No se puede saber porque no se conoce su identidad o si fueron liberados. Es una duda que nos va a quedar, lamentablemente, estas conductas gracias a dios están terminadas en el país, de lo contrario las estaríamos reproduciendo como hace la acusación fiscal, que quiere solventar sentencia con estos elementos y esta confusión, superando todas las barreras de la arbitrariedad con un indicio negativo. Nadie lo vio en el D2, ninguna noticia de él. Me interesa saber la verdad pero no se la disfracemos a la sociedad con soluciones aparentes, esto es hacer lo mismo que el terrorismo de Estado, que escondía y tapaba. Acá ni la Fiscalía ni este Tribunal tienen que tapar nada. Sin embargo, por facilismo, Fiscalía no profundiza la investigación, lo que está haciendo es forzar una solución aparente”.

-“¿Es razonable que un chico de 19 años estuviera cuatro meses sin establecer contacto con su familia?” planteó Civit para sugerir que Iturgay fue secuestrado antes de noviembre. Y remató: “Hay otro dato muy relevante. Gladys Iturgay menciona la visita de compañeros de Daniel provenientes de Chile, que le aseguran que no lo buscara más. ¿Se hicieron averiguaciones en Chile? No. ¿No se sabían en Argentina y sí en Chile las pistas de su paradero? Cómo, por qué se deja de lado esa pista si aquí no se lo ve en el D2? Iturgay murió en Chile”.

- “¿Por qué no se indagó a Inchaurraga y Olivera -las dos personas cuyos documentos habrían fraguado las víctimas?: Los dos aprehendidos no eran ni Ramos ni Iturgay. Sí se detuvo a dos personas, pero no se sabe quiénes son ni de su destino en el D2. ¿Y si estos testigos fueron liberados, tal como ocurrió con otros casos por confusión, como acredita el mismo juicio?”

-“¿Qué iban a hacer los oficiales con los aprehendidos robando un auto? ¿Les iban a dar un galardón? Si estas personas son llevadas a resguardo al Cuerpo de Motorizada por un delito común, algo rutinario en el Cuerpo, ¿por qué insiste Fiscalía en considerarlo un hecho aislado?”, insistió el defensor para presentar “la no autoría” de Morellato: “Existe la constancia que la noche del 4 de noviembre un móvil deja a Morellato en su casa, que esté de guardia no obsta, es un absurdo plantear que estaba en comisión porque estaba durmiendo, es evidente que aún un oficial de alto rango, como toda persona necesita descanso”, abundó Civit mientras parafraseaba a su defendido. Y continuó: “Queda descartada su participación personal en los hechos, ya que se reincorpora a la división recién a las siete de la mañana, con la presencia del Comisario Alfaro al frente del Cuerpo, y vuelve salir a las diez, antes de que Sánchez Camargo retirara a los detenidos. No hay ninguna tachadura, borrón o manipulación en el libro de novedades que indique lo contrario, ni que éste haya sido fraguado por mi cliente para cambiar algo que lo ponga fuera del escenario pensado por Sánchez Camargo”.

-“¿En qué momento, cómo, dónde pudo mi cliente torturar a los detenidos? ¿Cuándo fue a buscar la picana? Heinze -que denunció el intento de robo del auto- no vio a las víctimas. Funcionaba también en las dependencias un Registro Civil, con tanto movimiento a las siete de la mañana, imposible que se pudieran aplicar tormentos sin que fueran percibidos por el público. La suposición respecto a los dos calabozos minúsculos en la Comisaría 25 -aledaña a Motorizada- favorece a Morellato, ni siquiera los tenía a los detenidos a mano. ¿Iba a meterse a torturar en una dependencia ajena?”

-“¿Parece poca cosa la rabia y la inquina de Sánchez Camargo con mi defendido para incriminarlo?” se escudó ahora en la victimización y hasta en las virtudes de servicio de Morellato: “El Ministerio Público relativiza la enemistad entre ambos para desviar la atención”. La misma estrategia utilizó Civit para descalificar el testimonio en el que el ex agente de la Policía Federal, Cirella Paredes, comprometió más el accionar de Morellato con los grupos de tareas. El arrepentido contó que el oficial de Motorizada actuaba en contacto con la banda de la Federal, que acosaban y detenían personas y luego arrasaban sus bienes. “Cirella Paredes permaneció 25 años detenido gracias a Morellato, se trata de la declaración de un delincuente, guiada por un resentimiento manifiesto”.

-“¿Cómo se van a animar a mentir los testigos propuestos por la defensa, con la terrible presión mediática y política que hay sobre estos juicios? Se ataca a los testigos de que mienten, ¿con qué motivación si son ex compañeros de Morellato, que casi no recuerdan tantos operativos de rutina? Se los acusa porque les entorpecen el cuentito”, agravió una vez más Civit. Y tras tres horas de alegar, se identificó con su cliente y sus procederes:

“Estoy defendiendo a un tipo inocente, por eso soy tan bravo, un pobre tipo al que nadie señaló, nadie dijo ´ese me torturó´. Por eso doy tantos palos. No quiero que se me vaya la mano. He defendido a personas inocentes y a delincuentes, algunos hasta han recuperado la libertad. En este caso se me sube la temperatura por la inocencia de mi cliente. No me subo en esa moto de perseguir a personas inocentes. El señor Fernando Morellato ha dado la cara todo su vida, va un periodista y le contesta pudiendo sacarlo a los bolsazos; declara tres veces, se somete a interrogatorios de varias partes. Lo contrario a lo que hacen los represores. Si se tuviera que esconder no aparece por acá…”

Consideró finalmente: “Morellato no fue requerido por torturas y por eso el Fiscal no lo acusa, sin embargo tampoco lo fue por homicidio y sí se lo acusa, sin justificar siquiera si existió dolo”. Respecto al alegato del MEDH, dijo: “No hay que ni analizarlo, es inadmisible la participación del doctor Lavado, su petición no debe ser escuchada ni tenida en cuenta por el Tribunal, debido a que las querellas particulares están restringidas a dos personas en representación”. Antes del cierre de la extensa audiencia, el doctor Pablo Salinas refirió la mala interpretación de Civit mediante una réplica técnica: “Existe una modificación del Código Procesal por la cual los organismos que se constituyan en querellantes no tienen ese tipo de límites. En el juicio de San Rafael, el MEDH contó con cinco abogados en funciones”.

El Tribunal y su Presidente, el Juez Juan Antonio González Macías, se mostró firme y atento a las falacias y agravios cometidos por el abogado defensor en su exposición. Trató de limitar los excesos de Civit y ajustarlo a la defensa del imputado. Por ello determinó ofrecer a las querellas y a Fiscalía la posibilidad de replicar, derecho que ejerció Dante Vega. A continuación Civit hizo una imprecisa petición de contrarréplica, que quedó a decisión del Tribunal. Como la condena en ciernes, cuando se realice el pedido de penas tras los alegatos finales por los secuestros de Ángel Bustelo, Martín Lecea, Roberto Vélez y Oscar Guidone.


Una defensa con el tiempo jugado
“Tú crees que me matas, yo pienso que te suicidas”, había concluido parafraseando a un autor italiano el alegato de Civit. “Tenemos un escritor al que le fascinaban los juegos con el tiempo. No sé si le hubiese gustado escuchar esto, pero sí hubiera reparado en lo que ha intentado hacer el defensor”, contestó Dante Vega al iniciar su réplica. Continuó: “El defensor no sólo ha diferido la verdad, también ha incurrido en contradicciones y falsedades. Puedo tolerar cierto celo excesivo en la defensa pero cuando se acusa al Ministerio Público de engañar a la familia de Ramos, de vender a la sociedad respuestas falsas y efectistas; cuando me equipara con el terrorismo de Estado… yo pertenezco al Estado, no voy a tolerar que se me acuse de terrorista. Otra seria acusación ha hecho: me reprocha un desdén que yo tengo por la verdad”.

Además de esta réplica, el Fiscal agregó una petición al Colegio de Abogados para que corrija la conducta de Civit si así lo considera; la extracción de copias certificadas del testimonio de Oscar Heinze donde asegura que lo llamó el acusado para refrescarle la memoria y pedirle que se presente a testimoniar; las de los ex policías “que vinieron a testimoniar acá”; y la del propio defensor cuando expresamente dijo sobre ellos: “los contacté y les recordé los procedimientos”. “¿Qué quiere decir esa frase? Se ha calificado como bravo, a veces los bravos se entusiasman y dicen cosas” apuntó el Fiscal.

“El defensor eligió un camino que lo condujo a lo resultados pobres que hemos advertido”, resumió Vega: “Primero atacó el procedimiento en el que detuvieron a Ramos e Iturgay. Trató de ir más atrás en su ataque y situó la desaparición de los militantes en momentos anteriores a la fecha constatada en la causa -5 de noviembre de 1976. Citó a Pedro Peralta en un párrafo que, como no concuerda en la cronología de los hechos, ni siquiera hemos valorado. Sobre la enfermera que habría visto a Ramos en la Penitenciaría, Civit se preguntó por qué no la citamos a declarar: porque era inútil, no cito a testigos porque sí. En todo caso, la defensa también podía llamarla a testimoniar. Lo mismo respecto a Olivera e Inchaurraga”. El audio a continuación precisa la participación de Morellato en “actividades antisubversivas” y la integración del Cuerpo de Motorizada en el aparato organizado de poder del D2:
Dante Vega: La excusa y la conexión


“Creo que hay cosas que el defensor olvidó. Si pensara mal creería que las omitió adrede. No mencionó que Víctor Cuello declaró que se encontró con Ramos en la estación de trenes en octubre de 1976. Esto implica desconocer y banalizar la situación de clandestinidad. No hay que ser abogado, ni novelista, ni sociólogo para saber lo que implicaba vivir en la clandestinidad. La clandestinidad tiene estas cosas, la persecución por parte del aparato terrorista tiene estas cosas. Jugar con esto para hacer dudar del momento del secuestro de Ramos es antojadizo y no merece análisis. También cuestionó que un chico como Iturgay, de 21 años, no se haya comunicado con la familia durante los meses que estuvo clandestino. Nuevamente banaliza esa situación. Afirmó que Iturgay murió en Chile. Pero lo que dijo la madre de Oscar Daniel es que después de su desaparición la visitaron familiares de Chile. De aquí a afirmar que Iturgay murió en Chile hay una distancia tan enorme como la que separa Mendoza de Chile. El defensor se ha extraviado en el laberinto del tiempo o ha descubierto un capítulo desconocido del Plan Cóndor”.
Dante Vega: Sobre la fragua y la autoría


Civit se sorprendió de que Vega haya dicho que Morellato reconoció la autoría del hecho. Vega recordó que en su testimonio ante el Tribunal, el imputado dijo “los detenidos habrán estado dos horas conmigo, no más, y después se presentó -Sanchez Camargo- en el cuerpo Motorizada y se los llevó”. Civit asumió que muchas veces se trasladaban detenidos a la sede de Motorizada. Entonces debe haber habido en esa sede un lugar para tenerlos. Dijo Vega: “Los policías que vinieron a mentir al Tribunal y el propio Morellato miraron para otro lado y dijeron que no era habitual llevar detenidos a la sede. También dijeron que no había un lugar para tal fin. El abogado defensor habló de la ‘no actuación’ de Morellato en operativos que tuvieran que ver con la lucha contra la subversión. Pero olvidó que hay casos ya citados en los que también está probada su participación: Pardini, Rabanal y el caso de Amaya, Moretti y Seydell”. El defensor también acusó a las querellas de relativizar la enemistad que tenía Sánchez Camargo con Morellato, de soslayar la inquina. Esto contestó el Fiscal:
Dante Vega: Enemistarse con el muerto y el loco


Respecto a las detenciones puntualizó: “No es ilegítimo detener a alguien que está robando. A partir de un punto la privación de la libertad, regular -detener a quien está robando-, se transforma en ilegal cuando los trasladan a un lugar que no corresponde, les empiezan a pegar, los torturan”. Morellato, su abogado y los policías insistieron con que en Motorizada no podía haber detenidos ni torturas porque allí también funcionaba el Registro Civil, como sí había en el D2, según mencionó el propio defensor. Vega replicó: “mencionó al D2 que es el ejemplo claro de una repartición situada en el corazón de un edificio policial al cual iban personas a sacarse la cédula de identidad, el certificado de buena conducta y estaba poblado de gente. Sin embargo en sus entrañas funcionaba el peor centro clandestino de detención”. En el mismo sentido y en base al mismo libro de novedades y de los testimonios aportados por la defensa, Dante Vega reiteró que los ex policías serán investigados por otros hechos.
Dante Vega: Investigaciones futuras

domingo, 23 de diciembre de 2012

075-M: Desapariciones de Oscar Ramos y Daniel Iturgay

Un mal día
21-12-2012 | Testigos convocados por la representación de la defensa del acusado Fernando Morellato, ex compañeros, policías de la Provincia, actuantes en el Cuerpo de Motorizada durante 1976 cuando en un operativo fueron secuestrados Oscar Ramos y Daniel Iturgay, se prestaron al encubrimiento. Cada uno de los aportes de Bruno Medina fueron rebatidos y se le señaló falso testimonio. Manuel Martínez prefirió el olvido. Cerró la etapa testimonial, las audiencias se retoman el 7 de febrero con los alegatos.

Parecía que Bruno Lisandro Medina Cortínez había recuperado buena parte de la memoria secuestrada, archivada, que a través del pacto de silencio sostienen cientos de ex agentes policiales y militares, testigos, cómplices o partícipes de la represión ilegal. Lo locuaz le duró el tiempo que duraron las preguntas de Ariel Civit, abogado defensor del imputado Fernando Morellato Donna, quienes convocaron a Medina. Diez minutos le duró el ejercicio de memoria. Un relato armadito, con notable detalle de los hechos que en un operativo del Cuerpo de Motorizada de la Policía de Mendoza derivó a las 4.45 del 6 de noviembre de 1976 en los secuestros y desapariciones forzadas de Ramos e Iturgay. “Yo fui el que los aprehendió y corrí a uno también”, dijo Medina. Morellato “simplemente era un superior mío cuando estaba en Motorizada, jefe de los Talleres mecánicos del Cuerpo”, agregó.

El reflejo de la foto del rostro de Daniel Iturgay, que una compañera llevaba en la audiencia, en el blíndex que separa al Tribunal del público ilustraba la situación. Diez minutos hasta que Civit concluyó las preguntas a su testigo y comenzaron las del fiscal Dante Vega, los abogados querellantes Fernando Peñaloza y Pablo Salinas –representantes por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y por el Movimiento Ecuménico de los Derechos Humanos, respectivamente- y los jueces Juan González Macías y Antonio Burad. Todos indagaron a Medina respecto a precisiones del operativo, del accionar y logística del Cuerpo de Motorizada, del rol que él tenía en esa estructura y su relación con el acusado. El relato de Medina, la estrategia de Civit se desplomaron. A la omisión de datos evidentes que el ex policía negó conocer acerca del accionar ilegal  de la Policía y su “cadena de mandos y responsabilidades” hay que añadir contradicciones flagrantes que evidenciaron que mentía respecto a su propia responsabilidad en esa época y deformaba las circunstancias del procedimiento contra Ramos e Iturgay a fin de tergiversar los hechos, que indudablemente indican que se trató de un “operativo clandestino” y de desviar la atención de sus autores. Lo patente se hacía insostenible, en mitad del relato el doctor Peñaloza lo desestimó y solicitó compulsa penal contra Medina por falso testimonio. Se adhirieron Vega y Salinas. El Tribunal y los abogados ajustaron las observaciones, el defensor se replegó, el testigo desorientado, en medio de la verdad.

La Motorizada como institución, hacía prevención, no interveníamos respecto a la lucha contra la subversión. Si hubo órdenes no nos llegaron a nosotros sino a los jefes. ¿Persecución política? No estábamos en conocimiento de nada, nos llegaban las órdenes para trasladar a los detenidos siempre a Motorizada. “Nosotros cumplíamos las órdenes, asegurar la entrega de los procedimientos a la guardia, las derivaciones posteriores las decidía el jefe de la dependencia. Llegábamos, entregábamos los aprehendidos, no detenidos, entregábamos el armamento y nos íbamos. Los aprehendidos quedaban en la guardia y los jefes decidían su permanencia. Para estar en la dependencia había que tener calabozos, Motorizada no tenía”.

“Para los operativos obedecíamos al Comando Radioeléctrico y al jefe del Servicio Nocturno de Motorizada, donde remitíamos los detenidos y el oficial de servicio consignaba el parte en el libro de novedades. El Comisario superior eran Alfaro o Grecco. Teníamos las zonas operativas de la Primera a Sexta secciones y la 33, por los barrios del Oeste. Yo era responsable del móvil O28 -Oscar 28-”.

El mismo libro de novedades fue el que presentó la defensa al testigo, a fin de dar cuenta de la supuesta inconexión de los hechos con Morellato. Apoyado en el libro, Medina explicó los hechos del 5 de noviembre de 1976, hacia las 4.30 horas donde hay una constancia del desplazamiento del móvil O28, por orden del Comando, hacia calles Pellegrini y España de Ciudad, tras dos personas en intento de robo de un citröen estacionado. Dijo Medina:

“Uno estaba en la parte trasera y otro en la delantera del vehículo. El de atrás forcejeaba el baúl o la chapa. Al ser aprehendidos los colocamos boca abajo, uno de ellos se levanta, sale corriendo, lo alcanzo en los baldíos detrás del monoblock, llega otro móvil de apoyo -habló hasta de un tercer móvil, los vio, sin embargo no recuerda quiénes ni cuántos eran-, ordenan trasladarlos a Motorizada. El móvil de apoyo se quedó tomando la denuncia al vecino dueño del auto -Oscar Heinze, al que Medina no vio-. El operativo fue de 15 a 20 minutos, Ramos e Iturgay fueron requisados, sin armas, trasladados para la identificación correspondiente en la dependencia. Está la constancia, “entregamos a los aprehendidos, le dieron entrada en los libros y nos retiramos a continuar patrullando. Ignoro qué pasó con ellos”. Sí en cambio reconoce por qué se acuerda de ese procedimiento de Motorizada: “En cuatro, cinco años hice ese solo procedimiento. Era tranquilo, de noche no había gente en la calle, eran las doce de la noche y no había nada”.

“Diríjase al Tribunal”, propuso el fiscal: “No recuerda cuándo ingresó a la Motorizada ni cuándo se retiró, no recuerda el nombre de sus superiores para la época de los secuestros, ni quiénes lo acompañaron al operativo ni cuántos eran los policías que llegaron de apoyo. No recuerda la fecha del golpe de Estado, ni al Jefe de la Policía, ni que se encontraban bajo órdenes del Ejército. Ni que Sánchez Camargo fuera el jefe del D2. Ni qué hacía el D2, ni su vinculación con el resto de las secciones policiales, ´ni qué era Investigaciones´. Sin embargo recuerda al detalle el hecho porque en cuatro o cinco años fueron las únicas dos personas a las que aprehendió”. El testigo aseveró al doctor Vega, que el libro de novedades de una dependencia policial tiene valor de documento. Preguntó a continuación el fiscal:
-: ¿Por qué figura un solo móvil en el libro si son dos los del operativo, y hasta tres según usted dice?
-: ... ... ...
-: El libro consigna que a las personas se les requisaron dinero y un arma. Usted dice que no tenían nada. ¿Cómo se explica?
-: ... ... ...
-: Según usted se tomaban medidas respecto a esas personas, se las identificaba, se las fichaba. Y no había calabozos. A los detenidos, ¿dónde los ponían? ¿dónde? ¿quién estaba a cargo de los detenidos?
-: La guardia. Había siempre tres o cuatro personas, una a cargo. Sobre ellos -Ramos e Iturgay- no sé, en la guardia.
-: Esto contrasta con el testimonio de Heinze, que dijo que había una sola persona en el edificio cuando fue compelido a realizar la denuncia esa madrugada. El libro también indica que a las 10.15, Sánchez Camargo, jefe del D2, retira a los detenidos. ¿Cómo sabían de esas detenciones en el D2, y que esas personas hayan sido encontradas con otras identidades, cómo lo explicaban?
“En el D2 podrían haberse enterado por radio”, esgrimió Medina, al igual que en su momento Morellato.
El fiscal Vega indaga al ex policía Medina


El doctor Peñaloza se centró en el procedimiento. Medina no recordó el número del otro móvil, quiénes se quedaron con el damnificado, quiénes iban con él -sólo mencionó a “Martínez”-. “Habrán salido a patrullar”, los excusó Medina respecto del testimonio de Heinze, que asegura que en Motorizada había una sola persona, sumado a que aseguró no haber visto nunca al primero ni al segundo o tercer móvil. “¿Quiénes en ese caso, Medina, custodiaban a los detenidos? ¿Una sola persona?”, apuntó Peñaloza.
El doctor Peñaloza deshace los argumentos de la defensa

La particular “memoria selectiva” del testigo reveló el juez González Macías. Y le señaló el conocimiento que las instancias de la justicia tienen de esa complicidad en todas las causas, respecto a ex policías ligados a la represión. El juez Burad a su vez hizo notar que Medina reiteró una y otra vez que las detenciones las hizo en Pellegrini y Patricias Mendocinas, a cien metros de lo que indica el libro de novedades -Pellegrini y España-; a cien metros de donde estaba estacionado el vehículo; y a cien metros de donde vivía el dueño, Heinze, que tuvo que salir de su casa por la presencia policial -sin móviles a la vista- en su puerta. Respecto al acusado Morellato, Burad señaló a Medina: “No sabe qué hizo esa noche y sin embargo usted es testigo”.
Contradicciones palpables y pedido de compulsa penal por falso testimonio

“Una mera posibilidad de que se acuerde”, ironizó Civit respecto a datos que particularmente no eran beneficiosos para su defendido y para el mismo testigo si son requeridos. Vega avanzó: “Diríjase al Tribunal, usted habla de dos únicos aprehendidos por única vez en cinco años en la Motorizada. Y era el responsable del móvil O28. La misma noche del procedimiento contra dos personas hoy desaparecidas usted hizo un operativo con seis detenciones. Tres horas antes, figura en el libro. Otra más, una hora después, 5.15, tres móviles -O20, O21 y O28-, por un llamado, un minioperativo para aprehender a unos sujetos que fugaron de un negocio. 21 de Noviembre del 76, arresto de dos personas “por prostitución” y trasladadas a la Seccional Primera. Última, usted -a diferencia de Morellato- aseguró nunca haber realizado salidas en auto  particular en comisión, ni qué significa eso. A las 10.10 de ese día salió usted en auto particular en comisión. A pesar de que según usted se retiró a las ocho de la mañana. Figura en el libro”.

El otro bastión que probó explotar la defensa respecto al testimonio de Medina fue la recurrencia a la figura del jefe del D2, Pedro Sánchez Camargo- “enemigo” de Morellato y responsable de los traslados de Ramos e Iturgay al D2. El testigo conocía a Sánchez Camargo como comisario de la 33 en 1965 y 1966. Era su chofer. Explicó su prepotencia para “con los subalternos”, narró un hecho confuso, personal, que habría derivado en una sanción disciplinaria por abandono de servicio de parte de su jefe, que después no quedó en nada, ya que Medina obtuvo el traslado a otra dependencia. Fue otra estrategia victimizante de la defensa que no funcionó. Una vez desestimado, el testigo agregó “el incidente prácticamente no existió”. El audio a continuación ejemplifica la verdadera categoría de “enemigos” contra quienes actuaban las fuerzas policiales.
El enemigo en la trampa

El papelón no concluyó con el falso testimonio de Medina. Ni sus nuevos problemas. Manuel Martínez Alvarado, ex compañero suyo y de Morellato, en la Motorizada entre 1974 y 1989, también fue convocado por la defensa a prestar testimonio. Alguna señal habrá tenido en el camino, “mejor es no hablar”. Casi nada recordó, nada. Solamente que Bruno Lisandro Medina lo había contactado tres días antes para saber si se acordaba de los hechos. Cinco minutos duró todo su testimonio.

viernes, 30 de noviembre de 2012

075-M: Desapariciones de Oscar Julio Ramos y Osca Daniel Iturgay

Huella y huella
29-11-2012 | El debate que indaga los secuestros y desapariciones de Oscar Ramos y Daniel Iturgay la madrugada del 5 de noviembre de 1976 allana verdades y nuevas preguntas. Los hermanos Raquel y Ángel Miranda expresaron las marcas del terror en la vida de Ernesto Sebastián, hijo de Ramos y Ana Bakovic. Gladys Iturgay relató que a su hermano Daniel lo perseguían y reprimían desde que hizo el Servicio Militar en el Grupo de Artillería de Montaña VIII, en Uspallata. La defensa del imputado Morellato presentó testigos: lo que dicen y no dicen los libros, los hechos.

Ese niño
“Yo medié para que mi hermano -Ángel Felipe- cuidara al chico”, dijo al Tribunal Raquel Mercedes Miranda. Ambos conocieron a Ana María Bakovic -detenida en abril de 1975, compañera del desaparecido Oscar Julio Ramos- y al bebé de la pareja, Ernesto Sebastián. Raquel fue detenida el 27 de agosto de 1975, secuestrada dos días en el D2, trasladada a la Penitenciaría Provincial y luego al Penal de Devoto, donde concluyó más de seis años de cautiverio.

En la Penitenciaría, el hijo de Bakovic -de poco más de un año- “sufría más que los otros chicos el encierro, no estaba bien, necesitaba salir, conocer la calle. Mi hermano me visitaba, se ofreció para pasearlo los fines de semana, se estableció una muy buena relación entre él y Sebastián”, dijo la testigo. Para julio del 76 cuando el niño cumplió dos años, Ana María tuvo que ceder la tenencia. Ángel aceptó de buena voluntad. Explicó Raquel: “En algún momento supe que él estaba desesperado porque Ramos le solicitó ver al niño, se encontraron”. Una vez en Devoto, Raquel supo que Ramos había sido desaparecido y el niño también. Ella se lo comunicó a Ana, que lo encontró cinco años después de salir en libertad.

“La criatura sufría mucho los encierros, la mamá de Ana no podía ocuparse, el padre era una persona muy mayor, ella no tenía otra persona a quién dárselo” atestiguó Ángel Miranda. Explicó: “Hicimos una tenencia judicializada y firmé los papeles. Sabía que tenía un padre, que estaba comprometido por su actividad política. Yo tengo mi familia que amo, una mujer y un hijo que, justamente por el cariño que le tuve a ese bebé, le puse Sebastián".

En septiembre de 1976, Ramos se presentó al domicilio de Miranda en calle Juan B. Justo de Ciudad, “soy Oscar Julio Ramos, el padre del Cunfi, estoy de paso, quiero pasar el fin de semana con mi hijo”. Ángel contó: “me puse en su piel, actué con el corazón, no con la cabeza. Accedí, convenimos una cita en calle San Martín y zanjón de Los Ciruelos, llevé un bolso con ropitas y sus cosas. Me acreditó su identidad -si no, no se lo hubiese dado- y quedamos que lo devolvía el domingo, cerca del antiguo cementerio de Capital. Fui a buscar al nene y no aparecieron. Tres veces fui a averiguar al domicilio de ellos en calle Remedios Escalada. Ya no estaba ni el señor Bakovic, el papá de Ana. Solamente una señora que parecía ocultar algo. El tiempo pasaba, les perdí el rastro, a mi hermana la trasladaron a Devoto. Era una cosa muy pesada la que yo sufría, siendo el responsable de la criatura y que hubiera desaparecido era un calvario para mí. Fui a Buenos Aires, ubiqué a sus parientes. Ana María me previno que no acudiera porque Ramos tenía una hermana en la Policía Federal e iba a haber mayores problemas”.

En el verano de 1977, la casa que Miranda compartía con su otra hermana -asistente social en el Poder Judicial, que impulsó la tenencia a través del Juzgado de Familia- fue allanada por un operativo del Ejército, “entraron armados por los techos, revisaron todo, se robaron relojes de oro de mis hermanas, buscaban libros, hablaban de una imprenta clandestina, preguntaban por gente conocida de Raquel, vinculada a la política, todo bajo actitud violenta”.

Acerca de los destinos de padre e hijo, Ángel dijo: “Yo sabía que Ramos en su afán de escaparse había dejado al niño en algún lugar. Recibí la versión que antes de ser detenido se lo dejó a una vecina de avanzada edad, le dice que su nombre es Sebastián y ella va y lo lleva al Juzgado. Eso ratifica el niño ahora, que la señora le contó las circunstancias en que detuvieron a su padre. Volví a verlo cuando Ana lo encuentra, en los 80, en manos de una pareja que vivía en Las Heras. Lo recuerdo porque mi pareja y yo ya teníamos nuestro hijo natural”. El abogado querellante, Pablo Salinas, llamó la atención sobre el hecho de que si la anciana devolvió al niño bajo tenencia legal de Miranda -“otra vez huérfano, una vez su padre secuestrado”-  al Juzgado de Familia, no le hayan notificado al menos la novedad: “era más fácil encontrarlo a Felipe que mandarlo en adopción a otra familia”. En ese sentido, solicitó nuevamente al Tribunal la citación testimonial de la doctora Luna Dávalos, a cargo de los trámites de adopciones.

“Mi deseo hubiese sido que el niño volviera a mí y después a la madre, que por su legitimidad de madre lo hubiera recibido de mí, como yo lo recibí de ella. Y si el niño hubiese tenido el deseo de estar con nosotros, de mi parte encantado de la vida hubiese tenido dos hijos. Con el mismo nombre. Lamento todo lo que ha sufrido ese niño y todo lo que está sufriendo, porque la vida y las cosas mal hechas le causaron mucho daño, le arruinaron totalmente su existencia”, emocionó con su nobleza Ángel. Y puntualizó: “Ese niño después tuvo una historia muy dramática, está encarcelado permanentemente, con rencores arrastrados desde su niñez y su identidad y todo lo que pasó. No tengo capacidad para expresar lo que debe sentir, en él hubo una transformación, cuando lo tuvo esa familia -comentaba el niño cuando ya era grande-, no lo quisieron como un hijo. Estaba como el chico de los mandados”.

“Son las consecuencias dañosas que abarca no sólo a una generación sino también a la siguiente. Paradojas de la vida, que regrese él a la cárcel donde estuvo, cuando niño, presa su madre”, concluyó el ministro Antonio Burad.






Entre espinas
“Éramos de Palmira. En 1974, mi madre y mis hermanos, Daniel -tres años más chico que yo- y Walter -el menor-, nos vinimos a la Ciudad por trabajo. Mi mamá no tenía ni pensión ni jubilación, Daniel entró a trabajar en la Municipalidad de Guaymallén, yo como empleada de comercio. Abandoné los estudios, vivíamos en calle Remedios de Escalada, en Dorrego”. De esta manera Gladys Elisabeth Iturgay contextualizó la conformación familiar hacia el 4 de noviembre de 1976 cuando su hermano Oscar Daniel fue secuestrado por personal del Cuerpo de Motorizada de la Policía de Mendoza, junto a Oscar Julio Ramos. Continuó con una semblanza de su hermano:

“Era muy morocho y delgadito, de chico era discriminado por eso. Un muchacho trabajador, buen hermano, generoso. Jorge, mi novio entonces y actual esposo, conversaba mucho con él. Nos decía que pertenecía a la Juventud Peronista y a Montoneros, quería un futuro mejor: “Che, cuñado, Kela ¿por qué no se afilian con nosotros?” El plural aludía a Ana María Bakovic y su compañero Ramos -“Cacho”-. Se dio además una amistad muy fuerte entre los tres, incrementada porque ambas familias vivían próximas: Ramos, Bakovic y su papá -“muy mayor”- ocupaban un departamentito interno al fondo de la humilde casa de los Iturgay. “Después vino la discriminación total por su afiliación política, una vez ya en el Ejército, cumpliendo el Servicio Militar en Uspallata, con mi mamá lo fuimos a ver dos veces. Estaba muy flaco, lastimado por todos lados, ojeroso, siempre castigado”. Según les dijo Daniel, porque “lo hacían rodar sobre espinas, casi no le daban ración de comida, lo hacían pasar noches afuera, había alguien que lo tenía en jaque”, aportó Gladys.

“Un día llegó un camión del Ejército, ingresaron armados a la casa, revisaron todo y se fueron. Dijeron a mi madre que mi hermano había desertado de la repartición de Uspallata. Tiempo después estalla una bomba en la puerta de casa, con mi mamá saltamos aturdidas de la cama, ella salió desesperada a la calle, sin conocimiento, en camisón tras el trole. Llegaron policías de la seccional 25, buscaban libros, todo lo que había era una foto de Perón en el cuarto de Daniel. Nos llevaron a declarar, hasta las tres de la mañana. El cuestionario se lo hicieron a mi mamá, cuántos éramos, a qué nos dedicábamos, cuál era nuestra tendencia política. Cuando volvimos estaba todo dado vuelta. Daniel ya era perseguido y vivía escapando. No supimos nada más de él hasta mi casamiento en julio de 1976. Mi esposo lo vio en la ceremonia. ´Atrás de un árbol te estaba viendo tu hermano´, me dijo”, señaló Gladys. El matrimonio se mudó y la madre de los Iturgay volvió a Palmira.

“Vi a mi hermano por última vez en mi nueva casa, pasó diez minutos, estaba escondiéndose: ´No te puedo decir nada, no quiero traerles problemas ni a vos ni a Jorge, cuidá a la mamá, cuidá mucho a Walter y cuidate vos, los quiero mucho, chau, es mejor que no sepas nada de mí´. Mi mamá falleció con la ilusión de que alguna vez iba a volver a verlo: ´me mantiene viva esa esperanza´, me decía. "uisiera al menos por ella haber encontrado el cuerpo. Tanta gente que ha hecho mal, que lo paguen, que se haga justicia con quienes torturaron e hicieron desaparecer a las personas que amamos”, relató Gladys, entre dolor y esperanza.

Procedimiento forzado, detenciones ilegales
Oscar Eduardo Heinze prestó testimonio en su domicilio por problemas de salud, el pasado 27 de noviembre. Es el dueño del auto marca Citroen que el 5 de noviembre de 1976 habría estado a punto de ser robado. La denuncia del hecho habría motivado la presencia de Policía Motorizada en su casa de calle España 2245, y ese fue el fundamento utilizado por el Cuerpo para las detenciones de Oscar Ramos y Daniel Iturgay.

La defensa del imputado Fernando Morellato Donna ofreció el testigo y Heinze fue claro: “eran las cuatro de la mañana, como no tenía garaje ponía el auto al costado del edificio, un vecino me golpea la ventana y me dice ‘Oscar salí que te están robando el auto, está la policía’.

Cuando Heinze salió ya estaba presente “una patrulla con cuatro agentes armados con armas largas” y le dijeron “que me lo habían querido robar”. Casi de inmediato “los llaman por radio y les dan otra misión”. Antes de irse, uno de los policías le dijo que “fuera a la comisaría que estaba frente a la plaza San José, en calle Francisco de la Reta” -la 25-. “Rápidamente subí al auto y me fui”. Al llegar “había un agente de guardia, conté que me habían querido robar el auto, lo anotó en un libro, me preguntó los datos y me dijo que estaba desocupado”. Cabe aclarar que para radicar la denuncia debería haberse remitido a la comisaría que corresponde por zona, que no es la 25.

“¿Morellato le hizo recordar ese hecho?”, preguntó el Tribunal a Heinze. “Me dijo: ‘yo la tengo re clara, a usted le quisieron robar el auto y la policía los sorprendió, yo no fui, fue el D2 y ahora me quieren inculpar a mí’”, comentó el testigo sobre el contacto que el imputado y su abogado hicieron con él los últimos meses. “Morellato me llamaba y me decía que él era una buena persona, que era una persona de honor, que habían atrapado a los delincuentes. Yo eso no lo vi nunca, él me dijo que no habían sido él ni su gente, que había sido gente del D2”.

“Yo no vi a ningún detenido” agregó Heinze, “pero Morellato dice que los tenían atrapados. Cuando fui a San José tampoco me dijeron si había algún detenido por el hecho”.

Inexactitudes...
Rodolfo Eduardo Morales es jubilado de la Policía de Mendoza, se desempeñó entre 1968 y 1993 en diversas áreas y 21 años en la Policía Motorizada, misma repartición que el imputado Fernando Morellato, quien lo recibió para el testimonio con un fugaz guiño.

En 1976 trabajaba como oficial de guardia, “escribiente” en la sede de la Motorizada, que compartía espacio físico con la Comisaría 25, aunque no dependía de esa Seccional sino directamente de la Unidad Regional. Se refirió al turno que cumplió desde las ocho de la mañana del 5 de noviembre de 1976, horas después de la detención de Oscar Ramos y Daniel Iturgay; y también se apeló a su conocimiento y experiencia en “la fuerza” para conocer el grado de detalle, certezas y “omisiones” que pueden encontrarse en el libro de novedades de una seccional. “De acuerdo a cómo se trabajaba en aquel momento ¿cabe la posibilidad de que haya inexactitudes en ese libro, o lo que se consignaba era lo real?”, preguntó el abogado defensor Ariel Civit. “No, no. Como escribiente de guardia la función era reflejar las cosas tal cual ocurren”.

Se le extendió el libro de novedades donde consta la detención -4.45 del 5 de noviembre de 1976-, entrada -5.15- y salida -10.35- de Ramos e Iturgay de ese lugar, capturados tras la comunicación de una denuncia de que se estaría produciendo un robo y el arribo de Motorizada. Hay datos de los movimientos de Morellato por esas horas: entró de servicio a las 20 del 4 de noviembre, pasadas las 23 se retiró, ingresó de nuevo a las 7.45, a las 10 sale a un operativo del que retorna a las 11.15. Allí, de puño y letra del testigo, consta la llegada del Jefe de la Regional Primera, Comisario General Suárez, y del Jefe del D2, Pedro Dante Sánchez Camargo -a las 10.15-; y más tarde la salida del segundo con los detenidos - a las 10.35 y según el libro sin personal a cargo allí declarado, como si un jefe sólo se llevara a dos aprehendidos- y media hora más tarde el retiro de Suárez. Tanto Eduardo Smaha como Osvaldo Fernández están señalados como los agentes que se llevaron a Ramos e Iturgay, junto a Sánchez Camargo.

Morales comentó cómo se trabajaba: “escuchábamos la radio que comunicaba con el Comando Radioeléctrico. Tras un llamado, el desplazamiento se hace y va el móvil que esté más cerca. En todas las aprehensiones, se los llevaba el patrullero a la base -Motorizada- y allí se hacían las actuaciones para llevárselos a la Comisaría que correspondiera”. Del relato del ex agente surge que las “actuaciones” constaban de anotar detención, entrada y salida de personas en el libro de novedades, oficial y móvil a cargo del operativo, nombre y número de documentos de los aprehendidos y seccional o división a la que eran derivados; allí no se tomaban las denuncias ni se debía hacer la averiguación de antecedentes o certificación de identidad. Según Morales, en Motorizada no había elementos para la certificación de identidad, más que una comunicación telefónica con “Indice” o a través del Comando Radioeléctrico, “pero no más que eso”. “Se daba entrada en el libro, se hacían las actuaciones y se remitía directamente a la Comisaría” que correspondiera según el lugar de detención -Santuccione, el Jefe de Policía, emitió una orden por esa época de que debían remitirse los detenidos a la Seccional correspondiente en caso de delitos comunes y al D2 si se trataba de personas con militancia política.

Motorizada actuaba en la “prevención del delito”, dijo Morales, luego remitía a las Seccionales correspondientes. “¿Hay algo raro en el procedimiento?” consultó el representante de Morellato en referencia al caso particular. “De raro yo no le veo nada”, dijo el ex compañero. Ahora bien, cuando Morales toma turno a las 8 de la mañana, debe consignar las autoridades de guardia presentes, entre ellos no aparece el nombre de Morellato pese a estar anotado que entró casi una hora antes. Tampoco queda claro cuándo empezó guardia Morellato, si a las 20 -y a las 23 abandona su lugar de trabajo para ir a dormir, según dijo el imputado ante el tribunal- o a las 7.15 y supuestamente repite guardia ya que aparece que sigue en acción el resto del día.

Los militantes estuvieron cerca de seis horas en las instalaciones de Motorizada-Seccional 25, ya un hecho fuera de lo “habitual”. Recibir denuncias e interrogar correspondía a las Comisarías, no a Motorizada. “¿Es normal esa permanencia en Motorizada? ¿A qué puede deberse”?, le consultó el presidente del Tribunal. En principio Morales supuso que pudo ser por congestión laboral, sin embargo el dueño del auto que habrían estado por robar Ramos e Iturgay declaró que luego de que se presentó la policía en su domicilio, donde no vio que se detuviese a nadie, le pidieron que vaya a Motorizada -otro dato no habitual ya que la denuncia debía radicarse en la Comisaría y no en Motorizada-. Cuando llegó a la dependencia, contó, estaba desolada, sólo con el oficial de turno escribiente.

Morales también esbozó que la demora pudo ser por la necesidad de identificación de los detenidos, pero en el libro constan todos los datos de ellos, lo cual indica que, aunque con o sin identidades reales, sí presentaron sus documentos. Es decir, no demoró conocer sus nombres al simple efecto de labrar “actuaciones”. El testigo indicó que, al no haber calabozos en Motorizada, a los detenidos se los tenía “en la guardia porque otro lugar no había”, entonces dejó entrever que existía la posibilidad de pedir “colaboración a la 25” que sí tenía celdas. Morellato, en su declaración ante el Tribunal, dijo que Ramos e Iturgay estaban en la zona de vestidores de la dependencia, cuestión que no apareció como potencial en el testimonio de Morales.

El abogado Civit insistió en varias ocasiones en la posibilidad de que en el operativo en el que caen Ramos e Iturgay hubiese actuado más de un móvil -lo que motivaría que Heinze no haya visto la aprehensión de nadie- aunque ello no conste en el libro de novedades. Morales comentó que en cada situación cuando llegaba un móvil al lugar en el que fue requerido, “según la situación pedía refuerzos”, que no recordaba en ese caso particular en Pellegrini y Patricias Mendocinas de Ciudad, el 5 de noviembre a la madrugada, pero que de ser así “debería” estar asentado en el libro -no aparecen datos que hagan suponer la actuación de más de un móvil-.

Civit preguntó si Motorizada actuó en conjunto con la Policía Federal, “yo no lo he constatado, pero puede ser que sí”, contestó el testigo. En esta causa Morellato está denunciado como parte del operativo de detención de los militantes, de retenerlos e indagarlos bajo torturas, de pedir prestada en la Policía Federal una picana para el interrogatorio, y retener en su poder y sin permiso un revólver calibre 22 de uno de los detenidos. Estas acciones, según nota de la época y declaración en los ´80 de Sánchez Camargo, le valieron una sanción al agente de Motorizada por proceder sin conocimientos en cuanto a la indagación de “subversivos”, publicitar la acción en otra fuerza y perjudicar -con la demora en la 25- la posterior detención de cuatro personas más del entorno de Ramos e Iturgay.

viernes, 23 de noviembre de 2012

075-M: Desapariciones de Oscar Ramos, Oscar Iturgay y Roberto Blanco

Ella, su padre, su compañero, su hijo
22-11-2012 | El testimonio de Ana María Bakovic aportó claves sobre los secuestros de Oscar Daniel Iturgay y su marido, Oscar Ramos. La testigo y víctima -estuvo detenida entre 1975 y 1979- narró las crudas ausencias de su padre y de su hijo, a quien recuperó en 1984. El imputado Fernando Morellato amplió su declaración: “Todo cuerpo necesita descansar”, dijo el represor que pidió prestada una picana.

“Reclamá al Cunfi”
Ana María Bakovic y Oscar Julio Ramos se conocieron en 1973. Él se presentó a dar clases en la Universidad Popular de Mendoza. Ella tenía 20 años, el 33. Para Oscar, “el teatro tenía que manifestar lo que pasaba, expresar lo que hacía falta”. Por eso “vino de Buenos Aires a Mendoza a trabajar, a ver qué se podía hacer por el teatro”.

El triunfo de Cámpora en las elecciones presidenciales de aquel año decidió a la pareja a volcarse por la militancia en el peronismo, en Montoneros: “¡La ocho, la ocho!” recordó Ana en referencia al n° de boleta que en Mendoza llevó a la gobernación a Martínez Baca. “Hacíamos trabajo social en el territorio. Trabajábamos dando todo, era lindo. Y no estábamos clandestinos. Se empezó a poner feo cuando Perón nos dijo imberbes”, dijo.

Se casaron, nació Ernesto Sebastián, se fueron a vivir a calle Remedios Escalada de Dorrego junto con Domingo Bakovic, padre de Ana María, mayor de 80 años. Oscar dirigía, vendía libros. Ana trabajaba en la municipalidad de Guaymallén, formaron un grupo militante con otros compañeros, Daniel Iturgay, Tito Gómez, Aquilino Soria. Iturgay -de 18 años- a su vez era vecino de Bakovic y Ramos, vivía en una casa adelante con su familia, de la cual era el sostén. “Daniel estaba conscripto en el Ejército, empezó a tener problemas. Tenía miedo, decía que se iba a ir, lo apretaban, lo bailaban mucho, lo querían borrar. El hostigamiento fue político. Por eso se abrió, dejamos de verlo”, dijo Bakovic sobre Iturgay.

La tarde del 4 de abril de 1975 Ana fue secuestrada por patrullas de la policía de Mendoza, en inmediaciones de la rotonda del Avión en la costanera, donde panfleteaba con motivo del tercer aniversario del Mendozazo. El fiscal Dante Vega desprendió de la lectura del acta del procedimiento policial que el mismo se produjo en dos Ford falcon operados por el oficial principal Fernando Morellato, del subcomisario Céspedes y los agentes Rosales, Sepúlveda y Pereyra. Poco pudo recordar la testigo acerca de las instancias primeras de su detención: “Un uniformado de azul me tomó del brazo y me llevaron a una comisaría -tal vez la 25-, me tomaron declaración, recuerdo una máquina de escribir. Esa noche, o la siguiente, fui trasladada al Palacio policial. Entro al D2 en los calabozos. Fui interrogada dos veces, en otro piso, no recibí maltratos. A los diez días me llevaron a la Penitenciaría, en el interín estuve en presencia de un juez y a instancias de mi madre me dejaron ver a mi niño, a través de la mirilla de la celda. En el Penal permanecí hasta septiembre del 76, cuando fui parte de la primera tanda de mujeres trasladadas a Devoto”. Cuando salió en libertad en 1979, Ana María se avocó a las búsquedas de Domingo, su padre; Oscar, su compañero; y Sebastián, su hijo.

“Mi papá se llama Domingo Bakovic, es yugoslavo. Tenía ideas de izquierda, de su historia, de su país, hablaba de comunismo, de socialismo, de Rusia. Al Penal me visitó dos veces, me veía un ratito, estaba lúcido, bien parado. Él recibió el papel de mi cesantía en la municipalidad. Tengo el dígito pulgar de él marcado ahí. Después del golpe no volví a verlo, estaba muy viejito, nadie volvió a verlo. Cuando salí lo busqué: ningún registro suyo en ningún lado: ni partida de defunción, ni registro civil, ni pensión de invalidez, ni junta electoral, no sé si él votaba, tampoco se votaba mucho. Mi papá no sabía leer. Una vecina -Gladys Iturgay, hermana de Daniel- dijo haber oído una explosión, otros le acercaban comida, lo asistían. Al viejito nunca más lo vieron.”

Poco logró reconstruir Ana sobre Oscar: “nadie hablaba, nadie decía nada, no había nadie, no quedaba nadie. Alguien me dijo que lo agarraron, lo soltaron y lo mataron en la calle. Con Iturgay, estaban juntos”.

La mención que hizo el fiscal respecto a dos archivos permitió enmarcar las situaciones de Bakovic y Ramos: Por un lado, un pedido de capturas contra Alfredo Lerouc, Roque Moyano, Luis Santarone y Oscar Ramos, de parte del comisario Ruiz Soppe en base a “indagatorias en el D2”. Por el otro, la indagatoria de parte del fuero federal a la detenida, que incluye la mención al allanamiento de su domicilio. Los expedientes tienen fecha del 16 y 17 de abril de 1975, respectivamente. El primero lo firma Otilio Roque Romano, como juez subrogante. El segundo lo firma la misma persona, en calidad de juez federal.

Ernesto Sebastián Ramos tenía nueve meses cuando su mamá fue detenida. Nueve años tenía cuando ella lo reencontró en 1984. Ana abarcó la historia: “Mi mamá era muy pobre, tenía cinco hijos cuando me detuvieron. Mi hijo estuvo con Sara Morelli, la niñera, hasta que me trasladaron a la Penitenciaría y se quedó conmigo. Ahí conocí a Raquel Miranda que era visitada por el hermano y la cuñada. Sacaban a pasear a mi niño, se encariñaron con él. Cuando iba a cumplir dos años tenía que sacarlo del Penal. Le di la tenencia a ellos, a Ángel Felipe Miranda, regularmente por el juzgado y hasta tanto yo saliera y pudiera tenerlo. De Ramos sólo sabía que estaba bien. Que estaba, que estaba vivo. Ramos vio al chico, me mandó preguntar dónde encontrarlo. Miranda lo tenía en tenencia, para septiembre de 1976 se citaron en calle San Martín y Zanjón de los Ciruelos, fue a buscarlo. Miranda no los vio más, no aparece el padre, no aparece el niño”.

“En Devoto, me llega que Ramos había caído con el niño, que lo reclamara. Entre la censura, escribí cartas al Juzgado de Familia de la calle Chile en Mendoza. Reclamaba por mi hijo, explicaba que se llamaba Sebastián, que él sabía su nombre, que le decían Cunfi, que entendía. En la cárcel me avisaron que yo era la madre, que siguiera reclamando, llegaban señas a través del vidrio. Del juzgado me contestaban que no, que no tenían nada, no decían si era NN, si era desaparecido, si estaba perdido. Yo explicaba su edad, sus características. Cuando salgo voy derechito al juzgado, busco en la Casa Cuna, en libros, no estaba por ningún lado el niño, no estaba. En febrero de 1984 me cito con una señora que dice saber quiénes lo adoptaron. Con esos datos vuelvo al Juzgado de calle Chile, me dejan revolver los archivos, buscarlo entre los NN, busco, encuentro. ´Es mi hijo´, le dije a la secretaria de la Jueza Dávalos, Sebastián Ernesto en los NN. La jueza me conecta con quienes lo tenían. Se habían juntado las dos cosas. Fui a verlo, tenía nueve años, me abraza y me dice hola mami ¿y el papi?”

“Él no se acordaba de nada, la mujer me dijo que no quería saber más nada, yo no pregunté más nada. La mujer me dijo que no preguntara cómo había llegado Sebastián y la jueza restituyó su partida de nacimiento. Tenía sus nombres al revés y otros apellidos, Bustos Chiecher. La entrega fue el 6 de febrero de 1984, la mujer -Azucena- me dijo ´aquí termina mi rol´. Él -Faustino Samuel- se mantuvo parco”.

“No había contacto entre los tres juzgados, pedía por él en uno y en el otro piso la jueza entregaba a mi hijo; según la jueza, para ´sacar las cosas rápido y no revolver más´. Y yo tenía el indicio para reclamar al Cunfi”, dijo Ana María. La intervención de la doctora Viviana Beigel permitió entender que como “el niño se dio en adopción plena, por el derecho a la identidad, ninguno de esos documentos puede ser destruido y obliga oficiar la búsqueda a todos los Juzgados de Menores.
Su padre y su hijo






Búsqueda de Ernesto Sebastián Ramos







La verdad faltante
Fernando Morellato Donna continuó la declaración que había comenzado el 9 de noviembre. Mantuvo la estrategia de autovictimización y descargo de responsabilidades y odios en terceros, sobre todo sobre el Jefe del D2, Pedro Dante Sánchez Camargo. El fiscal Dante Vega le consultó si la División Cuerpos -Motorizada, Caballería e Infantería- tuvo relación con la denominada “lucha contra la subversión”, cuestión que Morellato descartó: “no sólo que no lo sé, sino que me parece que no”. “Cuando nos llamaba el Comando Radioeléctrico decía que debíamos trasladar a los detenidos al D2. Ya sabíamos que por algo era, porque nosotros pedíamos el antedecente, allí salía si tenían alguna militancia. Pero nunca tuvimos una relación estrecha, ni yo ni el Cuerpo”.

Vega leyó un expediente que da cuenta de un operativo en 1975 realizado por el Cuerpo de Motorizada y en el cual figura que Morellato detuvo a militantes de Montoneros, entre ellas Ana María Bakovic -compañera de Oscar Ramos- que prestó testimonio en el turno anterior. El imputado dijo que no lo “descarta”, que puede haber sido “algo de rutina”. Mencionó que el Jefe de la Policía había sacado una circular en la cual ordenaba que cualquier detención que hiciera Motorizada debía resolverse trasladando “de inmediato” a los aprehendidos hacia la Seccional que correspondiera según la zona, o al D2 si se trataba de militantes políticos. Sin embargo, Bakovic declaró haber estado largas horas en la Seccional 25 antes de ser trasladada al D2. Ramos e Iturgay también pasaron horas allí antes de ser buscados por Sánchez Camargo.

Morellato sí recordó a la perfección que Motorizada acudió a un llamado del Comando Radioeléctrico por dos personas que estaban tratando de robar un auto, lo cual “mi gente impidió”. Sin embargo refirió una y otra vez que no tuvo participación alguna en las detenciones, traslados, interrogatorios y entregas de Ramos e Iturgay al D2. El abogado querellante Pablo Salinas le leyó tramo por tramo la nota de su legajo del 6 de noviembre de 1976, que da cuenta de la sanción que se le aplicó por haber malogrado una pesquisa de militantes. Ahí consta que Morellato detuvo a dos personas y las llevó a la Seccional 25, donde las interrogó sin los conocimientos necesarios para “sacar” información sobre el núcleo político al que pertenecían, que se dirigió a la Policía Federal donde, además de publicitar que tenía detenidos “insurgentes”, pidió un “elemento eléctrico mecánico” -picana- y que se lo facilitaron. También se lo responsabiliza por haberse quedado con un revólver calibre 22 que le retiró a Ramos. En la nota se repasan horarios de detención por parte de Motorizada, entrada y estadía de Ramos e Iturgay en la Seccional 25; sobre los hechos en general Morellato refirió que se relatan allí cómo “más o menos” fueron, excepto lo que se refiere a su participación.

Tanto acerca del legajo, como de la nota de pedido de sanción y del libro de novedades de la Seccional 25, Morellato asegura que se asentaba todo como pasaba, salvo errores o “agregados” cometidos por diversas personas, todas en su contra:
El 4 de noviembre a las 20 horas toma guardia, a las 23 un agente lo deja en su casa. Desde el Comando Radioeléctrico salen tras dos personas señaladas como próximas a robar un auto. Los detuvieron bajo los nombres de Carlos Alberto Inchaurraga y Jesús Alberto Olivera. Se trataba de Ramos e Iturgay. Morellato dijo que en ese momento estaba durmiendo en su casa -en pleno turno, que era de 20 a 8 de la mañana. “Todo cuerpo necesita descansar” dijo y movilizó a toda la audiencia-. Agregó que volvió a su lugar de trabajo en la mañana, pero eso tampoco consta en el libro de novedades.

Al momento del traslado de los detenidos desde la Seccional 25 hacia el D2, el imputado dijo que se encontraba en la Comisaría 16 de Las Heras porque salieron a un procedimiento citados por el Comando Radioeléctrico que resultó “sin novedades”. Rato después dijo que como “no hubo novedades” no se comunicaron con la 16. También repitió que “ellos” -Motorizada- no sabían nada ni tenían nada que ver con la persecución de “subversivos”, eso era competencia de Sánchez Camargo, con “personal a cargo” -desconoció si se trataba efectivamente de Eduardo Smaha y Osvaldo Fernández, como sí le afirmó en entrevista al periodista Rodrigo Sepúlveda-.

“¿Qué explicación tiene la nota de sanción de Sánchez Camargo si usted dice que no hizo nada?” insistió fiscalía. “¿Por qué me pasa a mí de un delito común a uno de lesa humanidad?”, pretendió repeler la consulta. “A mí se me van un poco los libros porque soy bastante sanguíneo”, se excusó al hacer una mezcla de temas y tiempos en su descargo. Luego especuló: “Sánchez Camargo a las 10 y media de la mañana se llevó a los detenidos y a las 11 y pico ya me estaba citando a mí, porque dijo ‘acá lo voy a enganchar’”. Reiteró la historia de su sobrino que, cursando el servicio militar y tercer año de medicina, debió huir de la represión hacia Brasil. Por su búsqueda y filiación con el joven sería supuestamente asediado por el jefe del D2 y el de la Policía, Julio César Santuccione.

Morellato dejó en claro que para noviembre de 1976 era Oficial Principal, último grado de subalterno; que su Jefe era el Comisario Emilio Alfaro; y que el segundo al mando fue Oscar Lillo hasta que se suicidó y -en los hechos y sin nombramiento- Alfaro le delegó responsabilidades de subjefe. Pese a ello, intentó desligarse: “Cualquier civil de la calle sabía mejor que yo o nosotros lo que pasaba en el D2”. “Se corre la bola de lo que puede pasar, pero si yo le digo que si sé de algún caso de torturas o de un solo hecho de desaparición le estaría faltando a la verdad”.

Repitió que del D2 no sabía nada, sin embargo en la primera parte de la declaración mencionó que se reunió con Sánchez Camargo en ese lugar: “Tenía temor porque me sorprendió que me citara un sábado a las 20 horas, estaba todo apagado, el despacho suyo estaba frente al ascensor, entré, me senté y me tuvo cuatro horas”. “¿Cuándo ocurrió esa reunión, antes o después del golpe de Estado?” preguntó el fiscal. “¡Noo! Ya estábamos en pleno tiempo militar, después de que se fue el gobierno debidamente constituido”, respondió el acusado.
                    
Vega aclaró que son dos personas las que mencionan en declaraciones la relación de Morellato con la Policía Federal en el contexto de las acciones ilegales durante la represión. Se refirió a Sánchez Camargo y Carmelo Cirella Paredes, que incluso declaró que el ex-agente de la Motorizada lo torturó tras detenerlo por delitos comunes-. Paredes -entonces agente de la Federal- dio testimonio del accionar conjunto policial, hechos retratados en el documental “7746 Legajo CONADEP” del periodista de Radio Nacional Rodrigo Sepúlveda. El acusado refirió que todo lo que hayan dicho en su contra tiene que ver con que tenía mala relación con ellos, porque lo odiaban. Pobre víctima...






Inquietudes
La jornada se completó con la breve citación al testigo Héctor Tomás Salcedo, en relación a la desaparición de su amigo Roberto Blanco. Salcedo resolvió la inquietud del Tribunal respecto al origen de la víctima: Blanco era cordobés, sus ocho años en la Provincia no modificaron su acento.

Por otro lado, con gran presencia de público y de las Madres de Mendoza, se realizó en las inmediaciones de Tribunales Federales una conferencia de prensa por parte de representantes de los Organismos de Derechos Humanos acerca de los preocupantes hechos de amenazas que desde antes de que empezara el presente juicio han sufrido jueces, abogados, familiares, periodistas. El acto de repudio se efectuó en el mismo Memorial a los desaparecidos de Mendoza, atacado al inicio de esta semana.