19-10-2012 | Semana de poca actividad en el Tribunal
Oral Federal 1. Sólo hubo un testimonio en relación a la Causa 077-M por la
cual se indaga la serie de secuestros y desapariciones de mayo de 1978. Miriam
Esteve, testigo directa del secuestro de Margarita Dolz, reconoció a Mario
Stipech como parte del operativo. El médico del D2 ya había sido reconocido en
relación al secuestro de “Tonio” Herrera.
“Vi a esta gente. Cuando
me preguntaron por ella quedé helada porque pensé en las nenas, qué les iban a
hacer a las nenas, qué me iban a hacer a mí”. Contundente, lineal en relación a
los hechos que se investigan, fue el testimonio aportado por Miriam Elisabeth Esteve, amiga desde
1974 de Margarita Dolz, desaparecida de su domicilio de calle Remolcador
Fournier en Villanueva, el 17 de mayo de 1978. Por la época, Esteve frecuentaba
habitualmente a Dolz y su marido Carlos Castorino, ya que cuidaba a las hijas
de ambos, de cuatro y dos años de edad. Testigo directa del secuestro de
Margarita, recordó:
“Creo que era
miércoles. Salí de mi trabajo y fui a casa de Margarita. Llegué pasadas las nueve de la noche, esperábamos a “Julio” -un amigo-, dejé mis cosas, fumé un
cigarrillo. A los diez minutos golpearon la puerta, atendí, las niñas venían
detrás. Había luz en la entrada, entraron cuatro o cinco individuos de civil a
cara descubierta, pude ver a los dos primeros -uno era alto, el otro medio
pelado-, llevaban anteojos comunes de marco grande y falsos bigotes, me llamó
la atención que todos usaran gamulanes azules cruzados. El que encabezaba el
grupo preguntó sólo por Margarita Castorino. Me cachetearon la cabeza y
pidieron que no los mirara”.
Mientras el segundo
de los captores encerraba en el baño a las niñas y a Miriam, ella vio cómo
sacaban un arma corta y que “Margarita tejía en la cocina, alcancé a verla de
reojo por última vez, se paró al lado de la mesa, estaba tiesa. Las nenas gritaban,
lloraban, no pude oír nada, esperé a oscuras unos minutos que fueron un siglo.
Se abrió la puerta, `no levantés la cabeza´ me dijeron. Distinguí unos zapatos,
nos llevaron a una habitación, al rato volvió uno de ellos y dijo `quedate acá,
nos llevamos a la piba, somos de la
Federal`. Ella ya no estaba ahí”.
“Quedé encerrada en
la casa, mi cartera y la suya estaban dadas vueltas, quizás se llevaron su
documento”, relató. Una chica vecina que también cuidaba a las niñas se
comunicó con Esteve por el fondo de la casa donde había un taller. A ella le
pidió que avisara a Carlos -de regreso del trabajo- para que no se acercara al
domicilio. Él llegó hacia la medianoche, “se llevaron a Margarita” le informó
Miriam, que se marchó “en taxi con las nenas a casa de mis padres, donde
estuvieron hasta el sábado. Después, vino desde Buenos Aires, la familia de
Margarita y se las llevó”.
Sobre “Julio” -el amigo
que esperaban esa noche- Miriam agregó que “era compañero de bowling de Carlos
desde un par de años antes, alto, de cabello oscuro, nunca lo volví a ver”. Si
bien la testigo desconocía la participación política y relaciones del
matrimonio, vio una vez a Daniel Romero -desaparecido- en la casa. Además
recordó y reconoció fotográficamente a otros dos desaparecidos esa semana, Raúl
Oscar Gómez y Víctor Hugo Herrera, `Tonio`. La vinculación respecto a los
secuestros no fue infructuosa: entre las fotos del personal actuante en el
Centro clandestino D2 -Departamento de Informaciones de la Policía de Mendoza-,
reconoció a Mario Rafael Stipech Quiroga como quien ingresó primero a
secuestrar a Dolz en su hogar. Stipech -ya relacionado en la Causaa través del reconocimiento efectuado por María Isabel Salatino, madre de Herrera- era uno
de los médicos del D2. Investigaciones previas dan cuenta que Stipech -que
perteneció al Cuerpo de Apoyo de Escalafón Profesional de la Policía de Mendoza- y
otros médicos atendían a los detenidos tras los “interrogatorios”.
12-10-2012 | Los testigos
explicaron cómo la aplicación del plan genocida se llevó la vida de sus seres
queridos y torció las propias. Ricardo D´amico unió a las víctimas de los
secuestros a militantes del PCML a Campos y Alcaráz; Mario Gómez encontró a
Martín, bebé secuestrado de esa pareja; y Carlos Castorino contó la persecución
al grupo de militantes y amigos que integraba con su compañera Margarita Dolz,
desaparecida.
Por todo el país
Ricardo D´amico estaba detenido antes
del golpe de 1976 y continuó en esa condición hasta 1982. En relación a la
serie de secuestros de militantes del Partido Comunista Marxista Leninista los
primeros días de diciembre de 1977, aportó su conocimiento a través de la
militancia de sus hermanas, María Cristina (desaparecida en Mar del Plata desde
febrero de 1978) y Nélida Mabel (más de seis meses detenida). Ambas
participaban en el PCML de Mendoza, antes de que su hermano -militante de Poder
Obrero- fuera preso.
Entre las agrupaciones existían afinidades, eran todos muy jóvenes en
1974. Ricardo conoció a Rodolfo Vera (por su compañera Mirta Hernández, “estuvo
en Mar del Plata y después en el Bolsón”) y a sus hermanos Oscar y Carlos; y a
José Campos y Antonia Alcaráz. Acerca del secuestro de Walter Domínguez y
Gladys Castro aportó que tras salir en libertad vivió un tiempo en Villa Marini,
sobre calle Lavalle. Por los vecinos supo que en las inmediaciones se hizo “un
operativo muy grande, con la cuadra cortada”, donde secuestraron a la pareja. Hacia
finales del 77 un grupo de militantes -sobre todo mujeres, entre ellas sus
hermanas- emprendieron la huida de Mendoza. Mabel es detenida tras
sus pasos por Mar del Plata y El Bolsón.
Por militantes de izquierda detenidos y averiguaciones hechas desde la
cárcel y luego en democracia, Ricardo investigó el destino de María Cristina. Dio
con otra serie de secuestros al PCML, en Mar del Plata a principios de 1978. “Con
muy pocos elementos y limitado en un campo de concentración, supe de la
desaparición de mi hermana María Cristina a los cuatro días, tras la
presentación de los habeas corpus de mi mamá y del padre de Greco, una de las
mujeres secuestradas con ella. Un grupo de cinco mujeres fueron secuestradas en
febrero de 1978 de la vivienda que compartían escondidas en las inmediaciones
de Mar del Plata: Cristina D´amico, María Elena Ferrando y Mirta Irma Hernández
escapaban de la represión en Mendoza; Silvia Roncoroni (con sus dos bebas) y
Cristina Greco (embarazada de 8 meses, cuya hija nacería en la ESMA) eran de
Buenos Aires. En la planta superior de la casa vivían las dueñas. Ellas se
ocuparon de las niñas durante un mes, hasta que se las pudieron dar a los
abuelos”.
Ricardo habló con las dueñas de casa, sus vecinos y el padre de Greco.
Logró reconstruir que “el operativo fue realizado por fuerzas conjuntas a la
medianoche, amenazaron a los vecinos con disparos, Cristina y Mirta probaron
fugarse a través de un terreno en construcción, cuando cruzaban unos
ligustrines capturan a mi hermana, reconocida fotográficamente por las dueñas
de casa”.
“La persecución a los grupos del PCML a fines de 1977 y principios de
1978 fue en todo el país: Mar del Plata, La Plata, Mendoza y Córdoba fueron los
principales focos”. Otro hecho relacionado es “el fusilamiento de José Fernando
Fanjul -amigo suyo e integrante del PCML- en octubre del 77 en inmediaciones de
la comisaría de Arana en La Plata”. Las entrevistas con otras fuentes del PCML,
para quienes la represión fue desatada en algunas ciudades y durante un breve
período de tiempo son otros argumentos del testigo.
D´amico permaneció seis años y dos meses en distintos Centros de
tortura y desaparición. El 29 de agosto de 1975 a las seis de la tarde la
Policía de Mendoza lo estaba esperando en una casa en Guaymallén, “una ratonera.
Los captores -unos seis- me vendaron y me cargaron al auto. El día anterior la
casa había sido allanada y detuvieron a unas diez personas: Mocchi, Tomini;
Yanzón, su padre y primos, Raquel Mercedes Miranda, Luz Faingold, Susana
Villegas”.
Fue incomunicado y trasladado al D2 donde le aplicaron durante una
semana “un nivel de tortura tan intenso.” De los interrogatorios -siempre
vendado- participaban varios policías abocados a recabar nombres del Partido. Algunos
de sus compañeros de Poder Obrero detenidos el 28 de agosto también fueron
torturados. “Las celdas estaban en el primer piso, eran muy chicas, de dos
metros por uno, sin mirillas, nada de nada”. Una noche fue trasladado a la
Penitenciaría.
De la cárcel recordó “los primeros días del golpe entraban -Ejército y
Servicio Penitenciario Federal- a las celdas a los palazos y los gritos. Un día
trágico fue el 19 de junio de 1976, toda la guardia nos sacó desnudos, nos
golpearon en las escaleras y los patios, pasamos horas contra el paredón
mientras nos hacían gritar ´viva mi patria argentina´. El accionar conjunto de
las fuerzas de seguridad fue comprobado en el traslado de detenidos hacia La
Plata en septiembre de aquel año. Ejército y penitenciarios hicieron un gran despliegue
de armas y procedimientos para llevar a decenas de hombres hasta el avión
Hércules, reducirlos y encadenarlos al piso de la nave. “Cuando nos sacan en
camiones pensé que nos llevaban a La Perla (Centro clandestino de Córdoba). Por
la forma terrorífica del trato pensé lo peor. Gritos, amenazas, golpes, en el
avión nos caminaban arriba, nos molían a palos”. Recordó a Gianetto, Carlos Gómez,
León Golosky, Fernando Rule, Marcos Garcetti y Ángel Bustelo entre los
trasladados. D´amico pasó los siguientes cuatro años en la Unidad 9 de La Plata
y uno más en Caseros, hasta recuperar la libertad en el 82.
Conducido por el fiscal Dante Vega, afirmó que si bien Poder Obrero y
PCML no estaban relacionados, él -a través de la militancia de sus hermanas-
compartía actividades: “Los conocí en el 74, en una reunión en un camping
camino al dique Cipolleti. Éramos mis hermanas, la chica Tortajada, José Alcaráz
y las hermanas Campos, Silvia y Antonia. De regreso, la Policía nos hizo bajar
del colectivo en la Terminal, fuimos demorados dos horas, salvo yo, todos eran
menores, nos tomaron los datos en una habitación pequeña, casi una celda, las
preguntas estaban dirigidas, algún policía sabía qué hacíamos, nos fueron a
buscar nuestros padres”. “De ese grupo -confirmó Ricardo-, tres personas fueron
desaparecidas y tres detenidas”.
“No, son tantas que no” contestó D´amico al Tribunal cuando se lo
invitó a agregar algo a su testimonio. Respiró su silencio. “Saber dónde está
mi hermana, el cadáver de mi hermana, es todo”.
Encuentro de Martín
Mario Armando Gómez era novio de Adriana Alcaráz,
hermana de su amigo José “Pepe” Antonio Alcaráz. Fue testigo de cómo
devolvieron a Martín, de diez meses, hijo de Pepe y Antonia Campos, la noche
del 7 de diciembre de 1977 en una caja de cartón en calle Pedernera de San
José, domicilio de los abuelos maternos. Martín había sido secuestrado con sus
padres la noche anterior a las cinco de la mañana, de la vivienda donde vivían
en Godoy Cruz.
Mario acompañó el día 7 a don Pepe Alcaráz en averiguaciones y
trámites. “En dos camionetas sacamos las pertenencias de la casa de los chicos,
en la puerta había un policía apostado, no podíamos dejarlo así. Parecía que
faltaban cosas y me llamó la atención que la casa estuviera picada en las
paredes en el garaje, cocina, comedor, en un placard había un hueco. Fue un trajín
todo el día, no hubo respuestas a las búsquedas.
Al anochecer, las familias -que vivían muy próximas- se quedaron en
casa de los Alcaráz. Alrededor de la una y media de la mañana del 7 de
diciembre Mario decide regresar a su casa y sale a la vereda con Adriana, su
novia. Allí ven pasar un Ford Falcon muy despacio que dobló en U y volvió a
pasar, en tanto otro Falcon se paró enfrente de la casa de los Campos. Se
bajaron dos hombres corpulentos vestidos de civil -con camisa celeste manga
corta-, dejaron una caja de cartón y los pasó a buscar otro auto de las mismas
características. Todo sucedió en cuestión de segundos, los hombres se movieron
rápido.
Mario fue directo a la casa mientras su novia avisaba a la familia.
Cuando llega descubre que era Martín, cubierto con una manta. Volvieron todos a
la casa. Es posible que el niño haya sido revisado por un médico, solicitado
para atender a la abuela Campos, descompuesta. “Fue Pedro, su marido quien se
ocupó entonces de Martín”. A una semana del secuestro, Pedro habría dicho a
Mario que “a mi hija y mi yerno lo tienen las fuerzas de seguridad en el D2”.
“Era muy amigo de Pepe, además cuñado por noviazgo formal, muy
allegado a la casa, él hablaba de política, yo no lo seguía. Estuvimos mucho juntos,
tuve mucho miedo posterior a una reunión en el balneario Nonquén”, dijo. Dos
días antes de los secuestros –de los que se enteró al otro día- habían estado
allí comiendo un asado. Al encuentro asistieron muchas personas que Mario no
conocía, del Partido Obrero. Ya la desaparición de Silvia Campos dos años antes
había causado conmoción en el barrio. Luego de las desapariciones de Pepe y
Antonia supo que todos los que habían estado en ese asado permanecen desaparecidos,
menos él y Adriana.
Las afinidades electivas
"Para 1977, 1978 no existía la actividad política, la mayoría ya no estaba, habían
sido secuestrados o se había ido. Nos ocupábamos en actividades sociales,
trabajar, juntarse con amigos. La actividad política fue anterior, surgió de
querer cambiar las cosas. En el Partido Socialista Popular veníamos debilitados
desde 1973, pero los dos estuvimos sin cambios drásticos hasta el golpe, teníamos
reuniones sociales con militantes de distintas agrupaciones, después bajó la
actividad política”. A pedido de Fiscalía, Carlos
Antonio Castorino -marido de Margarita Dolz, desaparecida el 17 de mayo de
1978 del hogar que ambos compartían en Villanueva, Guaymallén-, ofreció al
principio de su testimonio un recorrido por la militancia de su compañera y
otras personas cercanas, desaparecidas o perseguidas por entonces.
“Nos consultaron si podíamos alojar a José durante algunos días. Eran
de Montoneros, pero no recuerdo quiénes. Estuvo cerca de una semana, después lo
llevaron a otro lugar, creo que fuera de Mendoza”, dijo Castorino acerca de
Juan José Galamba, desaparecido una semana después que su compañera.
“Con Víctor ´Tonio´ Herrera éramos amigos, compañeros de bowling. A
Daniel Romero lo conocí de la actividad política, creo que en algún momento
posterior a la estadía en mi casa, con su hermano Juan Carlos recibieron a
Galamba. Igual que Raúl Oscar Gómez y Liliana Millet, su esposa y compañera mía
del trabajo. Había amistad entre las parejas, una militancia en común. Dos o
tres días después del secuestro de Margarita, Liliana me contó que Raúl había
sido secuestrado el mismo día”.
A los nombres anteriores, Vega sumó los de Aldo Patroni, Gustavo Camín,
Mario Camín, Isabel Membrive, Ramón Sosa, otras desapariciones para mayo de 78
y pidió al testigo que enmarcara una explicación sobre el secuestro de su
esposa: “No había actividad política, no sé si habrá existido esa lista con
nombres que en un principio no le dieron importancia, venía el inicio del
Mundial, quizás quisieron prevenirse de protestas”. Porque ni él ni Millet
fueron secuestrados, Carlos descree de la posibilidad que los captores fueran
tras Galamba.
Respecto al secuestro contó: “esa noche esperábamos a unos amigos, yo
llegaba de trabajar de noche, a media
cuadra me frenó la niñera de mis hijas, Miriam Elisabeth Esteve. Según su
versión “fueron tres o cuatro personas de civil que invocando a la Policía
Federal ingresaron a la casa luego de que ella abriera la puerta. La encerraron
con Paulina y Natalia -las hijas de la pareja, de dos y tres años- en el baño y
se llevaron a Margarita con su documento, no pudo ver si la ataron o
encapucharon”. “No entré, indiqué a la niñera que se llevara a las niñas a casa
de mis padres y fui por resguardo y consulta a casa de un amigo abogado, Enzo
Santoni. A través suyo presenté el primer habeas corpus. Recorrí comisarías, el
Ejército. En la Policía Federal me dijeron ´acá no queremos a nadie, no hacemos
este tipo de operativos´”.
Entre llantos, Carlos evocó a Margarita: “solidaria, le gustaba mucho
ayudar, siempre pendiente de que todo estuviera bien. Estudió Artes. Nuestra
actividad política no era subversiva, ella estaba un poco más comprometida. No
consideramos peligroso el clima para mediados de 1978, por eso nos quedamos,
podríamos habernos ido”.
20-09-2012 | Cuatro
testimonios claves se conocieron en relación a las desapariciones forzadas de
grupos de personas en diciembre de 1977 y mayo de 1978. Sobre Juan José
Galamba, Sonnia De Monte trazó el recorrido del cuaderno escrito para sus hijos
y resignificó los pueblos y compañeros del sur. Emilio Vernet reconoció pertinencias
de los desaparecidos y otros perseguidos
antes del Mundial. Dora Gordon aclaró puntos sobre los secuestros de Mario y
Gustavo Camín. Hilda Abraham -que cobijó a los hijos de Néstor Carzolio y
Nélida Tissone- dio detalles del secuestro de la pareja, en lo que fue el
inicio de la ronda testimonial de la Causa 085-M.
Vilma Sonnia De Monte: La
inmensidad de los afectos
Escritora, actriz, docente, Sonnia nació y creció en el “monte virgen”
de General Alvear, en la zona rural de Bowen. Eran pueblos donde había la posibilidad de acceder a la Biblioteca, al
Centro Cultural de la zona, en espacios donde se aprendía a “compartir, a crear
lazos de solidaridad, lugares especiales de gran formación intelectual y
política, de acercamiento profundo entre todos”. Para anclar su historia, la de
Juan José Galamba y la de “tantos compañeros del sur”, Sonnia cree “inevitable
la referencia al origen y a las circunstancias del entorno”, de lo que “ya no
sucede, la separación entre la gente y los afectos es inmensa, vivimos lo
sufrido, la bibliotecaria sufre una tremenda soledad”.
Sonnia conoció a Juan José -oriundo de “La Marzolina”- por ser amigo
de Daniel, su hermano mayor y porque se convirtió en su padrino en la escuela
secundaria: ellos fueron “mis referentes, mis maestros, cuando estoy confusa
son mi guía aún”, dijo.
Los hermanos De Monte sobrevivían al
golpe de 1976 en Mendoza. Por pedido de un compañero de su hermano, Sonnia
accedió a establecer una cita con Juan José en clandestinidad, porque portaba
algo importante que tenía que proteger. El encuentro se produjo hacia marzo de
1977, en Godoy Cruz, a la vera del zanjón Maure, en las inmediaciones de calles
Paso de los Andes, Lorenzini y Antártida Argentina. Lo esperó sentada en el
cordón hasta que reconoció su silueta y se acercó a ella. Lo encontró mucho más
flaco y con una mirada de tristeza que “no me la olvido nunca, era tan
diferente a mi padrino de la secundaria”. Lo primero que él le preguntó era si
estaba nerviosa. “Era una mezcla de emociones, de cariño, preocupación”.
Finalmente Juan José sacó un cuaderno Gloria y le preguntó si se atrevía a
llevárselo, porque era “para sus hijos, me dijo sus nombres, que Alicia estaba
detenida”. Sonnia aceptó.
De la actividad de Galamba sólo supo que estaba complicadísimo,
hablaron de la desaparición de José Valeriano Quiroga, otro amigo del pueblo
-quien se sospecha fue desaparecido en el centro clandestino “El Vesubio”- y de
Carlos Oscar Martín. Por trabajos de reconstrucción en los que Sonnia colaboró
con el MEDH (Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos) y como correctora
del libro “Hacerse cargo”, concluyó que para la época Galamba vivía con las
compañeras Ana María del Moral -asesinada- y Gisela Tenenbaum -desaparecida-,
en calle Italia de Godoy Cruz. Respecto a su lucha y su destino dijo: “Mucho
tiempo trató de sobrevivir. Con él hicieron una cruel cacería”.
En 2006, por causa de una marcha en repudio al treinta aniversario del
terrorismo de Estado, Sonnia conoció a Alicia Morales y sus hijos. “Respiré más
tranquila porque supe que el cuaderno llegó, recién ahí lo pude leer, ellos me
lo permitieron. Relaciono con el principio, con afectos inconmesurables, nada
de cuestiones heroicas entre tanto horror, simplemente responder a un afecto, como
a alguien de mi familia, su familia”.
De Monte, su hermano Daniel y un
amigo suyo, Eduardo Caranza, fueron detenidos ilegalmente una madrugada de
noviembre de 1977, en su departamento de calle México de Godoy Cruz. Fueron
llevados a la comisaría 27, en un camión del Ejército, por personal de la VIII
Brigada de Infantería de montaña. La casa “fue dada vuelta”. Una vez separados
por celdas, llevaron a Sonnia a una oficina en donde estaba el que comandaba al
personal policial, un teniente que le hizo preguntas despreciables, agresiones
verbales de índole sexual y la tironeó de los brazos para ver si tenía
pinchazos. Le dijo que probablemente ella y Caranza saldrían, pero no Daniel: si no tenían nada, lo iban a acusar por prostituirla. De nuevo en la
celda, un policía ingresó y la amenazó con provocaciones agraviantes. A la
noche fueron liberados. Tres citaciones de la 27 recibió luego Sonnia: en la
primera se le presentó el oficial que la había agredido, a la segunda no fue y
en la tercera -en pleno curso de inglés de los policías en vísperas del Mundial
1978- el comisario minimizó las denuncias de la joven.
Las amenazas sufridas por su familia
no cejaron hasta hoy. Sonnia repasó el lejano llamado telefónico anónimo recibido
por sus padres, que decía que ellos estaban detenidos. Su padre logró que el
operador le diera el origen del llamado: la vecina Nelly Emilio, delegada
municipal hasta no hace mucho tiempo en Bowen. “Con el terror espantoso crecimos
todos, pero sobre todo mi hermano menor. La persecución ideológica en los
pueblos chicos, por portación ideológica es muy fuerte”. Por último agregó que
Fernando Enrique De Rosas –instructor del Centro de capacitación
contrasubversivo en 1978- y su esposa, la increparon en su lugar de trabajo en
2011. Último encuentro con Juan José Galamba
Persecuciones
Dora Gordon: Los cuentos
La doctora Gordon, madre de Mario Camín y ex esposa de Gustavo,
asistió con 91 años a testimoniar por sus desapariciones. El Tribunal resolvió
dar lectura de las sucesivas denuncias y declaraciones efectuadas por la
testigo ante la Justicia Federal y la CONADEP. De ello Gordon ratificó:
Mario y Gustavo fueron secuestrados la noche del 22 de mayo de 1978. Primero
su hijo -que había salido en auto rumbo al cursado nocturno en la Universidad
Tecnológica Nacional (UTN)- e inmediatamente después -hacia las 22:30 hs-
Gustavo, en el departamento allanado y saqueado de calle Patricias Mendocinas.
Dora supo lo sucedido por una empleada suya y por Ana María Del Olio. Días posteriores
un llamado anónimo de un estudiante de la UTN le informó que cuatro personas
abordaron a Mario en la playa de estacionamiento de la Facultad, dos se lo llevaron
en un vehículo y los otros se fueron en el R6 hacia el departamento, presuntamente
tras el padre. “Al auto se lo llevó la policía. Como a las cosas de valor, se
repartían todo, se repartían los hijos”, señaló Dora, que también aseveró que
un sobreviviente del D2 habría visto a Mario en ese centro clandestino. En 1985
Gordon declaró que el anónimo no había sido tal, sino que la llamada telefónica
la hizo Alberto “Cholo” Monserrat, testigo junto a Horacio Liendro del
secuestro en la UTN.
La búsqueda de la mujer estuvo desde entonces entorpecida por
mentiras, pistas falsas, “cuentos” y abusos de agentes de la represión y de
civiles tras su dinero. Mario “Gordo” “Calefón” Ferri -ligado a las esferas
militares- traía “buenas noticias” a los familiares en 1979: los Camín estaban
“en La Plata, próximos a disponibilidad del Poder Ejecutivo Nacional”. El
funcionario del Ministerio del Interior, Eduardo Manolio, le confirmó el “dato”
a través de un listado de sobrevivientes. El Comandante Julio Francisco Sosa
dijo a Dora: “los tenemos, están en Córdoba, en La Ribera o en La Perla”. En la
Compañía de Comunicaciones, el sargento Eduardo “Bomba” Romero le insinuó que
ambos estaban muertos. “Jugaban con la desesperación”, resumió Dora.
Emilio Vernet: Desde
adentro
Vernet prestó testimonio en el marco de las indagaciones por los
secuestros y desapariciones de Gustavo y Mario Camín, Margarita Dolz y Raúl
Oscar Gómez. Ex-estudiante de la UTN, fue compañero y amigo de Juan José
Galamba -con el que confluyeron acercándose en la Juventud Universitaria
Peronista (JUP)-, Margarita Dolz, Alfredo Escámez, Gisela Tenenbaum, Alejandro
Dolz, Osvaldo Rosales, Daniel Romero, Ignacio Mamaní, Víctor Hugo Herrera:
“pasamos hermosos momentos con asados, fiestas, teníamos participación política",
relató. El grupo se conocía de la UTN y del Partido Socialista de Vanguardia (PSV).
Fue vecino de Mario Camín y sabía de su amistad con Galamba.
Sobre los años en la UTN, Vernet recordó que formaron una agrupación
en la facultad, en referencia a AUP. Ratificó la presencia de grupos de
ultraderecha como la CNU -Concentración Nacional Universitaria- y recordó
integrantes: “Roberto Lucas, Fredy Fernández, (un joven de apellido) Mendoza,
Jean Paul Burlot y Oscar Vallardi". No le "consta" que hayan
brindado información para operativos, sin embargo "no tiene dudas"
que debió ser así: “Iban armados, metían miedo, ¿quién pudo matar a Mario Susso
y Susana Bermejillo?, eso venía de adentro de la facultad”. A mediados de 1976
recibió las peores novedades: el secuestro de Alicia Morales y otras personas
que estaban con ella, la detención de Eduardo Morales -su cuñado- en un
operativo que lo tenía a él como objetivo, también "que mataron a
Francisco Urondo".
Isabel Navarro -esposa de Vernet- y Susana -hermana de Isabel- también
conocieron a Galamba. Sus padres le facilitaron pasar noches en el auto porque
la casa ya había sido allanada ilegalmente. Para entonces -fines de junio de
1976- Emilio e Isabel huyeron de la persecución de las fuerzas represivas.
Sobre el secuestro de su amigo sabe lo que después consideró: "Tengo
la sensación de que quienes militamos en el PSV prestamos el cuerpo" por
todo lo sucedido en 1978. Dijo que "encontrar a Galamba" no podía ser
la única conexión, por eso relacionó los operativos con la preparación del
Mundial. Con marcada emoción, el testigo expresó: "Galamba era un
hombre... un muchacho que sólo quería sobrevivir". El destino de los compañeros, el Mundial y Galamba que quería sobrevivir
Hilda Abraham:
Operativo “Escoba”
Comenzaron los testimonios por la causa 085, por la cual está imputado
Paulino Enrique Furió, entonces Jefe de Inteligencia del Ejército con funciones
en el Comando de la VIII Brigada de Infantería de Montaña. El represor
presencia las audiencias mediante videoconferencia, desde el Consejo de la
Magistratura. En la causa se investigan las desapariciones del matrimonio de
Néstor Carzolio y Nélida Tissone; de Alberto Jamilis, Rodolfo Vera; y de Walter
Domínguez y su esposa Gladys Castro, embarazada de 6 meses.
Romina Ronda, abogada querellante por el gobierno de Mendoza, sumó a
las fotos de las víctimas que constan en la causa, una imagen del también
desaparecido Jorge Fonseca. Se intentará probar que todo el grupo fue víctima
de un único y mismo operativo nacional denominado "Operativo Escoba"
que tuvo como objetivo a militantes del Partido Comunista Marxista Leninista
(PCML).
El primer testimonio lo brindó Hilda Fanny Abraham Torres, que vivía
con su abuela, en calle Boulogne Sur Mer de Godoy Cruz. En la parte posterior
de su casa, en un departamento, vivían Néstor Carzolio y Nélida Tissone con sus
dos hijos. Carzolio y Tissone eran oriundos de Berisso, provincia de Buenos
Aires, llegaron en 1976 a Mendoza. Néstor montó una mimbrería en Guaymallén,
lugar que hizo las veces de sede del PCML. Nélida era docente.
El 5 de diciembre de 1977 fueron secuestrados de su domicilio.
Alrededor de las 21.30, un grupo de personas de civil, disfrazadas y armadas
interceptaron a Nélida cuando volvía a su casa con su hija de 6 años. Las
amordazaron y metieron en la casa. Néstor y el hijo de 2 años corrieron la
misma suerte. El departamento fue saqueado. Al momento del secuestro, en la
casa de adelante estaba Lucía Tomás, abuela de Hilda, muy asustada. Dijo a su
nieta que los secuestradores se llevaron al matrimonio en la camioneta Peugeot
blanca de ellos. Allí también subieron la moto de un visitante ocasional de la
pareja. En un visado de las fotos de las víctimas, Hilda reconoció que el
visitante "podría" tratarse de Jorge Fonseca. Hilda -embarazada en
ese momento- corrió al departamento vecino y encontró a los hermanitos
acurrucados y muy quietos, con la boca encintada. Los llevó a su casa. Más
tarde hizo la denuncia en la Seccional 27 de la Policía de Mendoza, según
consta en el libro de novedades. El hijo y la hija de Néstor y Nélida quedaron a
cargo de Hilda -a través de su madre porque ella era menor de edad- hasta que
ubicaron a la familia de Nélida, en Berisso. Hasta hace una década atrás, Hilda
conservó el contacto con la madre de Nélida. En reiteradas ocasiones, la
familia Tissone agradeció a Hilda todo lo que hizo por la niña y el niño, cómo
los cuidó y rescató.
El secuestro de Carzolio y Tissone y el destino de sus hijos
23-08-2012 | Se dio comienzo a
las testimoniales en relación a las desapariciones de Gustavo Neloy Camín y
Mario Guillermo Camín, padre e hijo, ambos secuestrados la noche del 22 de mayo
de 1978. Isabel Guinchul y Ana María del Olio ampliaron sobre esas causas. Por la de Raúl Gómez Mazzola, un policía retirado del D5 -Archivo policial- estableció puntos de contacto
entre las investigaciones y los secuestros ulteriores. Morellato más
complicado. El centro clandestino D2 y mayo del 78.
La cuarta jornada
abrió con una resolución favorable por parte del Tribunal acerca de los
recursos de casación interpuestos por las partes acusadoras. Luego de los
fundamentos del Fiscal General y de los Querellantes el pasado 2 de agosto, se da
lugar a que sea la Cámara Federal de Casación penal -que durante esta semana declaró
inconstitucional condenar a perpetua a menores de edad- la que se expida, en
breve, sobre los pedidos de prisión preventiva de los imputados aún libres. También
se dio lectura relacionada a la ampliación de calificaciones solicitadas esa
fecha. Además de las nuevas calificaciones de los delitos cometidos en forma
genérica se sostuvo que: los imputados París Francisca, Garibotte y Miranda no
modificarían sus calificaciones, en tanto que Furió, Bruno Pérez, Puebla, Fernández,
Morellato, Migno y Oyarzábal sí lo harían. Se considera, teniendo en cuenta
similar antecedente en el proceso desarrollado en San Juan, que hay una
aceptación tácita para que el Tribunal se expida sobre las nuevas calificaciones
antes de las sentencias.
Retirado de la Policía de Mendoza, declaró en relación a las desapariciones
forzadas de Raúl Gómez Mazzola (Causa integrada en la 077-M) y de Aldo Enrique
Patroni (sin proceso judicial en curso). Actuante entre 1976 y marzo del
presente año en el Archivo Judicial, sección Prontuarios -conocido como D5-,
fue convocado porque en un libro del D2 figura su firma el 17 de Mayo de 1978
cuando se produjeron los secuestros de Gómez y Patroni. En dicho libro consta
el registro de los
prontuarios devueltos por personal del centro clandestino de detención al D5. En
el margen del expediente de Gómez figura la firma del testigo: una especie de “recibido”.
Según Rivero,
que hacía turnos de 19 a 01 hs, eran cuatro integrantes del D2 -recordó a
Álvarez y Salinas- los encargados de llevar y traer del Archivo los expedientes
de las personas investigadas: “una vez que sacaban todos los antecedentes
devolvían los prontuarios. Casi todas las gestiones por expedientes provenían
del D2. Si el sospechoso era ´Sánchez´ se llevaban todos los expedientes con ese
apellido”.
El
prontuario modelo durante la dictadura consistía en fotos y datos personales y
sobre la propiedad (vehículos), antecedentes y relaciones filiales y de amistad
de las personas. Rivero dilucidó las anotaciones que figuran en el Libro del D2:
(C) Contravencional; (DP) Delitos contra
la Propiedad; (SP) Seguridad Personal -individuo que pasaba de investigado a
detenido, caso Ángel Bustelo; (II) Identificación Individual; (IV)
Identificaciones Varias.
La doctora Viviana Beigel, por la Querella del MEDH, preguntó si se hacía
control de los prontuarios devueltos. Rivero contestó que no, que eran
demasiados los prontuarios solicitados como para poder controlar si volvían. En orden a las preguntas de Beigel agregó que los prontuarios fueron trasladados
a la ex Bodega Giol y que no quedan registros del D5 sobre los prontuarios
removidos entonces.
El juez Antonio Burad fue incisivo: el testigo aportó su conocimiento sobre
el accionar represivo de la Policía -D2 en el primer piso y D5 en el subsuelo
del Palacio policial-. Dijo Rivero: “me tocó estar ahí, sabíamos de camiones
llenos de detenidos por las noches, de los operativos en los que teníamos que
ayudar fuera de turno sacando los prontuarios de la gente que se llevaban, se
escuchaban las órdenes y gritos de tormentos provenientes del primer piso”. Sobre
el imputado Aldo Bruno Pérez -jefe del D2 en 1978- creyó recordarlo “por un
tiempo en el D5” pero no logró reconocerlo entre los únicos dos procesados
presentes. Al otro presente, Fernando Morellato Donna, no imputado en esta Causa,lo reconoció como integrante del D5. La mueca en
negativo de Morellato no funcionó. Sí alcanzó a ser percibida.
Muy pocas veces se ha puesto en evidencia, por parte de los testigos
pertenecientes a fuerzas militares y policiales, la situación de violencia en
el D2. Este testimonio puede tomarse como un primer paso hacia un sinceramiento
sobre el terrorismo de Estado en Mendoza.
Elda
Isabel Guinchul de Pérez: Una cuestión de solidaridad
Isabel, reconocida militante por la
defensa de los Derechos Humanos, ofreció su testimonio y echó luz sobre la vida,
el secuestro y la desaparición de Gustavo Camín y su hijo Mario. En su relato
dijo que conoció la historia por la familia Camín, que luego de aquel trágico mayo de 1978 buscó ayuda en Familiares
de desaparecidos, espacio de lucha al que llegó en 1977 y que hoy sigue
integrando y sosteniendo. Por entonces y por los mismos motivos, conoció a los
familiares de Raúl Gómez y de Daniel Romero.
Por relatos de Armando Camín -hermano
de Gustavo-, supo que Mario estaba “conectado” con el PRT y que ayudó refugiando
a militantes de esa agrupación. También lo hizo con Juan José Galamba que
pertenecía Montoneros y anteriormente había sido asistido por Gustavo Camín, quien
le dio trabajo en la talquera de la familia ubicada en San Juan. El resguardo
de Galamba en los domicilios de los desaparecidos integrados en la Causa fue
revalidado por Isabel: “se trató de una cuestión de solidaridad”.
Toda esa información le valió para
trazar su hipótesis sobre el entramado de los secuestros de mayo del 78: “no
creemos en la hipótesis de que haya sido el hilo conductor, pensamos que los
servicios de inteligencia dejaron libre a Juan José hasta que necesitaron
nuevamente crear un momento de terror, actuaban así”, dijo. Esto se sostiene
porque los perseguidores llamaban a este grupo “los residuales, sabían que en
algún momento habían militado”, afirmó contundente, haciéndose voz de los Organismos
de Derechos Humanos.
Ana
María del Olio: El chupadero de gente
Novia de Mario Guillermo Camín, centró
su relato en las horas previas y posteriores a su secuestro. Dijo que la noche
del 22 de mayo de 1978, alarmada por la conmoción de la madre del joven y por
el clima de la época, salió en búsqueda del muchacho: “sabíamos que por pensar
distinto podías tener problemas”. Acompañada de su padre se dirigió al Palacio
Policial -donde funcionaba el D2- a sabiendas del peligro que corrían: “eso era
un chupadero de gente”. En el acceso a la dependencia vio cómo Mario era trasladado
en un Rastrojero de doble cabina de la Policía que ingresaba al lugar: “acá no
hay civiles” le gritó un oficial de alto mando cuando Ana María pidió
información sobre el destino de su novio.
Lo visto por la testigo en la playa
del D2 fue corroborado por ella horas después, cuando junto a una amiga
entraron al departamento ubicado en calle Patricias Mendocinas. El lugar -ocupado
por Mario para sus estudios y por Gustavo, su padre, cuando permanecía en
Mendoza-, estaba todo revuelto. Entre el lío faltaba lo que Ana María considera
la confirmación de que se trataba de un secuestro efectuado por la Policía: habían
arrancado, retirado el teléfono. Del Olio relató que junto a la madre de Mario
hicieron, durante años, todo lo posible para dar con el paradero del joven y de
su padre sin obtener más que silencio.